—Es que me daba miedo interrumpir la cita de Cecilia —explicó Teresa.
—Tampoco es seguro que sea una cita. —A Martina le parecía que, aunque se veían cercanos, no tenían esa química íntima de una pareja.
—¿Y si no es una cita, entonces qué es?
—Ese chico se parece al que nos topamos cuando recién nos bajamos del camión, está guapísimo.
Desde el punto de vista de Teresa, el muchacho en verdad era muy atractivo.
¿Acaso no todos habían estado hablando de él en ese momento?
Martina lo pensó detenidamente y le pareció que, en efecto, era el mismo joven.
—Sí está muy guapo, pero eso no significa nada.
—Cecilia acaba de entrar a la universidad, no creo que se haya conseguido novio tan rápido.
Además, el chico parecía ser residente local de Viento Claro. Cecilia se había criado en Villa Solana y, con lo pesada que había sido su vida académica, seguramente no había tenido tiempo para buscarse una pareja en esta ciudad.
Martina tenía a Cecilia en un pedestal.
Creía que ella estaba completamente enfocada en sus estudios. No solo era brillante en la escuela, sino que estudiaba medicina desde pequeña. ¿De dónde iba a sacar tiempo para tener novio?
Teresa también notaba la enorme admiración que Martina sentía por ella.
—Con lo bonita que es, no tendría nada de raro que ya tuviera novio.
Bueno, tal vez.
Martina no supo qué más argumentar. La verdad es que, dijeran lo que dijeran, no podían ir a preguntárselo directamente a Cecilia, así que seguir discutiendo el asunto no tenía ningún sentido.
—Sea o no su novio, la verdad es que no es asunto nuestro. —Martina no quería meterse demasiado en la vida privada de su compañera.
—Tienes razón. Lástima por Elías —asintió Teresa.
—¿Y eso qué tiene que ver con Elías? —preguntó Martina, bastante confundida.
—Es que yo pensaba que a Elías le gustaba Cecilia —respondió Teresa, un poco indecisa.
—¿A poco al jefe de la clase le gusta Cecilia? ¿Desde cuándo? Yo ni en cuenta. —Martina no había notado absolutamente nada.
—Yo creí que le gustaba porque se la pasa mirándola —comentó Teresa, frunciendo un poco el ceño—, e incluso en el viaje al campamento de integración hizo todo lo posible para sentarse a su lado.


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