Entrar Via

Ciega por tu Mentira romance Capítulo 13

—Acabo de escuchar en urgencias que la hija consentida de la familia Zúñiga salió herida, ¿es verdad?

—Es verdad, acabo de venir de allá. Esos Zúñiga son bien exagerados, la señorita Zúñiga nomás tuvo unos rasguños y toda la familia se movilizó. Dicen que el señor Zúñiga estaba negociando un proyecto de miles de millones y, al saber que su hija se lastimó, dejó el negocio botado y corrió al hospital. Y el esposo de la señorita Zúñiga, uff, anda de arriba para abajo, mandó llamar a todos los especialistas de la ciudad en plena noche para que la revisaran. De verdad que adora a la señorita Zúñiga.

—Ay, qué cosas, mismo apellido Zúñiga pero diferente suerte. La paciente que acabamos de recibir en ginecología también se apellida Zúñiga; le acaban de hacer un legrado y no tiene ni un familiar a su lado, el marido ni sus luces. Da lástima verla.

—Pues sí, qué triste. Bueno, ya no te platico más, tengo chamba.

***

Amanda escuchaba el sonido del agua goteando, que en la soledad de la noche sonaba especialmente estridente.

Se mordió el labio inferior con fuerza, temerosa de soltarse a llorar en voz alta.

David no había ido a la cena familiar de los Zúñiga anoche; se decía que estaba de viaje de negocios. Si no se equivocaba, el «esposo» del que hablaban las enfermeras debía ser Lucas.

Tratándose de Olivia, él realmente la amaba hasta el extremo.

Entre más sabía cuánto amaba Lucas a Olivia, más sentía que todo aquello era una burla a la felicidad matrimonial que ella creyó tener.

Tres años de entrega total, de dar su corazón sinceramente. Para complacer sus gustos, ella, que era alérgica a la harina, se forzó a comerla hasta desarrollar inmunidad; por miedo a que él se sintiera mal tras beber en sus reuniones de negocios, ella aprendió a prepararle los chilaquiles perfectos, con el picante exacto para curarle la cruda.; él era exigente con el café, así que ella buscó por todo el mundo su sabor favorito; él sufría del estómago, y el menú diario en casa era cuidadosamente planeado por ella...

Pero al final, todo eso no valía ni un centavo para Lucas.

Siendo así, ella les dejaría el camino libre.

Para que dejaran de andar a escondidas, como si fuera algo vergonzoso.

Tras pasar la noche en observación, Amanda se dio de alta temprano. Su cuerpo seguía muy débil y, sumado a su ceguera, cada paso que daba era con extremo cuidado.

Cuando por fin llegó a la planta baja, se paró a la orilla de la calle agitando la mano constantemente.

Quizás por ser hora pico, había pocos taxis libres. Amanda esperó quince minutos y no consiguió ninguno.

Frunció su hermoso ceño y, justo cuando estaba a punto de rendirse, un coche se detuvo frente a ella.

La ventanilla bajó y apareció un rostro masculino y atractivo.

Amanda subió al auto sin problemas; el interior estaba calientito y su cuerpo entumecido se recuperó rápidamente.

A través del retrovisor, el hombre vio su piel fina, pálida de una forma enfermiza, y sus labios grisáceos. En sus ojos oscuros apareció una mirada indescifrable y frunció el ceño imperceptiblemente.

Amanda, naturalmente, no podía ver la mirada audaz y descarada del hombre; solo pensó que se había topado con una buena persona.

Jamás imaginó que algún día el calor que recibiría no vendría de su familia, ni de su esposo, sino de un extraño.

El trayecto fue fluido. Antes de bajar, Amanda pagó el viaje.

—Quédese con el cambio.

El hombre miró fijamente a Amanda; su rostro pálido parecía inexpresivo, pero aún se notaba una tristeza contenida.

Tras unos segundos, el hombre tomó el dinero de la mano de Amanda.

—Gracias.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ciega por tu Mentira