Más que una etiqueta, era un logotipo único.
Hace tres meses, Lucas había visto ese mismo logotipo en un saco de hombre que encontró en su casa. Le había encargado a Simón que investigara, pero hasta la fecha no habían obtenido resultados.
Resulta que ese saco era de él.
Lucas se quedó inmóvil, temblando incontrolablemente, con los puños apretados como una bestia furiosa.
En ese momento, el policía que lo custodiaba le dio un jalón.
—¿Qué tanto ves? ¡Muévete!
Lucas no estaba dispuesto a rendirse, pero al final, no tuvo más opción que dejar que lo metieran a la fuerza en la patrulla.
***
Amanda despertó un día después.
Cuando abrió los ojos, Begoña, Ginés y Verónica estaban a su lado.
Verónica la abrazó de inmediato, llorando a mares por la emoción.
—¡Me asustaste horrible, Amanda! ¿Tienes idea? Casi me da un infarto. Si vuelves a darme un susto así, te juro que te dejo de hablar.
Amanda tosió un poco.
—No sé si te dio un infarto, pero a mí sí me vas a matar, me estás asfixiando.
Verónica reaccionó tarde y la soltó rápidamente, pero Ginés la apartó sin piedad.
—Amanda acaba de salir de terapia, no aguanta esos abrazos de oso. Hazte a un lado.
Dicho esto, Ginés ocupó su lugar y se acercó a la cama.
—Amanda, ¿te sientes mal de algo? Ahorita mismo busco al doctor.
—Estoy bien —respondió ella en voz baja.
Ginés no le creyó.
—No, no me quedo tranquilo. Mejor llamo al médico para que te revise.
Begoña coincidió:
—Sí, sí, exacto. Voy por el doctor.
Poco después, el médico examinó a Amanda y, al confirmar que no había problemas graves, los tres pudieron respirar tranquilos.
Pero pensándolo bien, solo tenían una relación de negocios; el hecho de que la hubiera llevado al hospital ya era mucho más de lo necesario. No tenía motivos para exigirle que se quedara a cuidarla.
Al racionalizarlo, su estado de ánimo mejoró un poco.
En ese momento, Verónica comentó:
—Por la descripción que dio la niñera, parece que fue el señor Díaz. ¿Entonces no fue la policía quien te trajo, sino Mauro Díaz?
Verónica estaba llena de dudas y parecía dispuesta a no quedarse con la intriga.
—Amanda, ¿qué hacía él en la escena?
No solo estaba en la escena; el disparo que le dio a Lucas en la muñeca lo hizo él.
Amanda apretó los labios, preocupada.
Desde que se conocieron y ella presenció la violenta venganza de Mauro, sumado a su herida de bala anterior, quedaba claro que no era un empresario común y corriente que siguiera las reglas.
Disparar en público seguramente levantaría sospechas. ¿Le habría pasado algo?
Amanda miró a Ginés con preocupación.
—Ginés, tú conoces gente en la policía. ¿Podrías investigar si han detenido a un hombre llamado Mauro en estos días?

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