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Ciega por tu Mentira romance Capítulo 233

Mauro ni siquiera intentó apartarse para contestar; tomó la llamada de Frida frente a Amanda.

Sosteniendo el teléfono, Mauro preguntó:

—¿Qué pasó?

—Mau, ya regresé al país —se escuchó la voz de Frida—. Llego al aeropuerto de Clarosol a las cuatro de la mañana. Pasa por mí, ¿no?

Mauro no lo dudó ni un segundo.

—Está bien.

Frida se rió suavemente.

—Te dejo entonces, platicamos cuando nos veamos.

La llamada no duró ni un minuto, pero la melodiosa voz en el altavoz fue suficiente para que Amanda se hiciera una idea del tipo de mujer que estaba al otro lado de la línea.

Mientras Mauro colgaba, Amanda volvió a fijarse en la liga para el cabello roja que llevaba en la muñeca.

Desde que se conocieron lo había notado.

Para que un hombre tan poderoso y rico llevara siempre consigo una liga de mujer, su dueña tenía que ser alguien muy especial para él.

¿Sería esa tal «Fri» de la llamada?

Mauro tapó el desinfectante y guardó los algodones. Se enderezó y se plantó frente a ella.

—No mojes este pie por unos días. Si ves que la herida se pone muy roja, ve directo al hospital.

Amanda sintió una extraña incomodidad en el pecho, y asintió secamente con el ceño un poco fruncido.

—Entendido.

Al notar la expresión de impaciencia en Amanda, el rostro de Mauro se ensombreció.

La última vez que se habían despedido, ella le había dejado en claro que no quería volver a tener nada que ver con él.

Pero ese día, él se había aparecido de nuevo por su cuenta, así que era normal que estuviera molesta.

Una nube negra cruzó por los ojos de Mauro; suspiró pesadamente y ofreció:

—¿Quieres que le marque a Elías Pineda para que venga a cuidarte?

Al escuchar eso, los ojos de Amanda se abrieron de par en par.

Lo miró perpleja.

—Mauro, creo que estás loco.

Ella estaba herida, ¿a santo de qué iba a llamar a Elías?

¿Qué relación tenía con él como para pedirle que fuera?

¿Qué mosca le había picado a este tipo?

Amanda se enojó de verdad, lo que dejó a Mauro aún más descolocado.

Pensándolo bien, Mauro se dio cuenta de que no le correspondía a él avisarle a Elías.

Además, si lo llamaba, iba a parecer una provocación directa.

Había sido un comentario impulsivo.

Pero al recordar cómo Amanda se reía y bromeaba con Elías, mientras que a él siempre le ponía cara de fuchi y apenas le hablaba, no pudo evitar sentir unos celos incontrolables.

Frunció más el ceño, con el rostro serio.

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