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Ciega por tu Mentira romance Capítulo 234

Era de esperarse; con las influencias que manejaba Joaquín, era imposible que lo implicaran tan fácil.

Amanda se lo guardaría para cobrársela en cuanto tuviera la oportunidad, aunque claramente no sería pronto.

Lo primero que hizo al llegar a Silvania fue darse una vuelta por la empresa de transporte. La administración había mejorado muchísimo y, tras checar los últimos reportes financieros, las ganancias eran muy buenas.

Si seguían con ese ritmo, lograrían las metas anuales antes de que terminara el año.

Casualmente, el día que Amanda volvió resultó ser el Día de San Valentín.

Ginés Mendoza ya le había llamado antes para ver si alcanzaba a regresar y celebrarlo juntos, y vaya que sí lo había logrado.

Amanda pasó primero a su casa a dejar sus maletas y aprovechó para entregarle a Begoña Gutiérrez el regalo que le había comprado en Clarosol.

Era un dije finísimo de marfil que había escogido especialmente para ella.

Begoña lo sostuvo entre sus manos con mucha emoción.

—Está precioso, mija, tienes muy buen gusto. Pero se ve que es carísimo, y a mi edad ya no tengo a dónde salir con estas cosas. Mejor quédatelo tú, Amanda.

Amanda fingió molestia. Le quitó el dije de las manos, se puso detrás de ella y se lo abrochó en el cuello.

—¿Cómo que no vas a tener dónde ponértelo? Claro que sí, cuando vayas a tus clases o cuando salgas con tus amigas te lo puedes llevar.

Después de ponérselo, Amanda regresó al frente para verla. El marfil estaba pulido a la perfección y resaltaba muchísimo con su tono de piel.

Amanda sonrió complacida.

—Te ves muy bonita.

Begoña se sonrojó un poco por el halago, pero era evidente que le había encantado.

Amanda la ayudó a sentarse y le dijo con un tono sincero:

—Mamá, de ahora en adelante, cuando te regale algo acéptalo sin pensar en lo que cuesta. No tienes que preocuparte por mis gastos, a mí me va muy bien.

Begoña sabía que a Amanda no le faltaba dinero, pero siendo alguien de origen humilde que siempre había estado acostumbrada a ahorrar y apretarse el cinturón, gastar en lujos le pesaba demasiado en la conciencia.

Begoña sonrió con ternura.

—Está bien, ya entendí. Pero igual hay que ahorrar un poquito, Amanda. Cuando tengas tus hijos, los gastos van a estar a la orden del día.

Esa era la mentalidad de las generaciones pasadas: una mujer debía casarse y tener hijos. Y tras pasar diez años en prisión, sus ideas se habían quedado estancadas.

Aun así, el amor maternal seguía siendo exactamente el mismo.

Amanda no se puso a discutir; solo le contestó con mucha dulzura:

—Claro, prometo que de ahora en adelante seré más ahorrativa.

Amanda la cortó de tajo:

—Aún no he perdido la cabeza.

Verónica no se rindió y le pasó el brazo por los hombros.

—Ay, no es para hacer nada raro con ellos. Solo que nos sirvan los tragos y nos pasen la botana. No seas aguafiestas, Amanda. Si los hombres pueden pagar damas de compañía, ¿por qué nosotras no podemos pedir unos modelos? Ándale, anímate, de todos modos paga el señor Mendoza.

Sin esperar a que Amanda estuviera de acuerdo, llamó al gerente.

—Tráeme a los chavos más guapos que tengas, que me quiero dar el lujo de escoger.

—Por supuesto, señorita. Permítame un momento —respondió el gerente.

Amanda sentía que eso era demasiada extravagancia, así que le dijo a Verónica que ella se encargara de escoger, pero que a ella no la incluyera.

Como vio que no la iba a convencer, Verónica prefirió ya no insistir.

Unos minutos más tarde, el gerente regresó a la sala con un grupo de muchachos muy bien parecidos.

La verdad es que tenían muy buen nivel.

Amanda echó un vistazo de pura curiosidad, pero al ver al último de la fila, se quedó de una pieza.

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