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Ciega por tu Mentira romance Capítulo 237

Todos los juniors del privado voltearon a verla de inmediato.

Amanda entró caminando con paso firme hasta llegar junto a Román, lo agarró del hombro con una mano y le ordenó:

—Levántate.

Al escucharla, Emilio fue el primero en saltar.

—A ver, Amanda, ¿de qué vienes a jugar a la heroína? Yo pagué por esto, así que llégale.

Amanda se había criado en la familia Zúñiga. De niños, Román solía llevarla a todos lados, así que todos los amigos ricos de su hermano la ubicaban. No era raro que Emilio supiera su nombre.

Emilio le plantó la mano en el hombro a Román y se burló:

—Román, ¿no que muy chingón? Hoy vas a ver lo que es bueno.

Siguió desabrochándose el cinturón mientras los mirones empezaban a echar porras. Emilio tenía una sonrisa asquerosa en la cara. Tras soltar la hebilla, hizo el amago de bajarse el cierre. El morbo en el lugar llegó al límite y los espectadores, encantados con el show, empezaron a chiflar.

—Que el joven Lucero se fije en ti es una bendición, Román.

—Ya sé, si lo trata bien, se va a ahorrar la fatiga de andar trabajando de esto.

—Román, aprovecha la oportunidad. ¡No la dejes ir!

Con cada insulto, Román temblaba de pies a cabeza; las venas de la frente le palpitaban del puro coraje.

Justo en ese momento, se escuchó un fuerte golpe seco que hizo que todos contuvieran el aliento.

Amanda le había estrellado una botella en la cabeza a Emilio. Al instante, la sangre mezclada con vino tinto comenzó a escurrirle por la cara.

Todos se quedaron congelados, en especial Román, que abrió los ojos como platos, sin dar crédito.

Tardó un buen rato en reaccionar Emilio. Una sonrisa tétrica se dibujó en su boca, volviéndose cada vez más sombría.

—Amanda... eres la primera persona que se atreve a ponerme una mano encima. Qué valiente me saliste.

Emilio estaba furioso, cualquiera podía notarlo. Para entonces, Román ya se había puesto de pie y se interpuso frente a Amanda, cubriéndola con su cuerpo como cuando eran niños.

—¿Estás seguro?

Emilio nunca había visto a alguien tan insolente frente a él. La miró con furia asesina.

—Amanda, no tenía intenciones de meterme contigo, pero si vienes a buscar problemas, luego no te quejes. ¡Agárrenla! Le voy a romper las manos ahorita mismo.

A su orden, un par de lamebotas se le fueron encima. Amanda le dio una patada a la mujer que intentó agarrarla, y en un parpadeo, le puso el filo de la botella rota directamente en la yugular a Emilio.

Emilio se puso pálido del susto.

—¡Amanda! ¿Qué carajos haces?

Amanda sonrió con frialdad.

—Lucero, la verdad es que yo tampoco quería problemas contigo, pero ya ves, te empeñaste en provocarme y no me dejaste de otra.

—¡No digas idioteces! Me abriste la cabeza con una botella, ¿quién empezó el pleito?

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