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Ciega por tu Mentira romance Capítulo 239

Román estaba furioso, pero por más que rabiara, en el fondo estaba enojado consigo mismo.

Si tuviera la misma capacidad de Amanda, no tendría que andar rogándole a nadie ni denigrándose de esa forma.

Se desinfló como un globo. Se recargó en la pared, frustrado, emanando un aura de derrota absoluta.

Bajo la tenue luz del pasillo, miró a Amanda y soltó una sonrisa resignada.

—Amanda... aunque me duela aceptarlo, es la verdad. Eres capaz de todo, y yo no te llego ni a los talones.

Para que una mujer saliera adelante sin depender de un hombre ni del respaldo de una familia adinerada y llegara hasta donde ella estaba... sí, había que tener talento.

Amanda se quedó un poco sorprendida.

Desde que había aparecido Olivia, esa era la primera vez que Román le reconocía algo.

A Amanda le tembló un poco la mirada, pero se guardó sus comentarios.

Tras un breve silencio, dejó escapar un suspiro.

—Ya me voy.

Acostumbrada a los gritos y los insultos, esa repentina paz la hizo sentir incómoda.

Siguió caminando, y entonces escuchó a Román decirle en voz baja a sus espaldas:

—Amanda... gracias.

Amanda se detuvo un instante, pero enseguida continuó su camino.

Cuando regresó a su privado, Verónica y Ginés estaban jugando, y la mitad de las botellas de la mesa ya estaban vacías.

Se sentó. Verónica notó que venía sola y le preguntó con curiosidad:

—¿Por qué vienes sola? ¿Y Samuel?

Samuel era el chico de compañía de hace un rato.

Amanda se recargó cómodamente en el sillón.

—Ya lo corrí.

Verónica soltó un sonidito de comprensión.

—Bueno, ni modo. Aunque siendo sinceras, Samuel ni siquiera estaba tan guapo como Ginés.

Ginés se enderezó y cruzó la pierna.

—¡Ay, por favor! ¿Cómo me vas a comparar con ese tipo? Me ofendes.

Verónica se echó a reír.

—Sí, sí, sí. El joven Mendoza es un hombre de éxito, guapo, de buen cuerpo y de dinero. Eres mi modelo a seguir número uno.

—Feliz San Valentín. Los quiero.

Al salir de Noche y Día, Amanda se subió a su coche a esperar al chofer designado.

La verdad era que no podía dejar de pensar en Román. Se preguntaba si debía decirle la verdad sobre su verdadero origen.

Elena lo estaba usando como si fuera su cajero automático personal. Con esa forma de ser que tenía, iba a dejar que Elena lo manipulara y lo exprimiera toda la vida.

En ese momento, su celular sonó, sacándola de sus pensamientos.

Era una llamada de Elías.

Contestó, y la voz profunda de Elías resonó en el auricular.

—Amanda, feliz San Valentín.

Amanda se relajó y se apartó el cabello de la cara.

—Feliz San Valentín.

En la calle, las parejitas caminaban de la mano, con sonrisas radiantes. Por un instante, la imagen la transportó a los tres años que había pasado junto a Lucas Salinas.

Él nunca había pasado un San Valentín con ella. De hecho, nunca habían celebrado ninguna fecha importante juntos.

Hasta en su propio cumpleaños le inventaba excusas para deshacerse de ella.

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