Al ver que Amanda no tenía la más mínima intención de detenerse, Pamela gritó como loca:
—¡Te voy a demandar, Amanda! ¡Haré que te metan a la cárcel, a la cárcel!
Amanda se alejó a paso firme, tomándose a broma la rabieta de Pamela.
Ginés era el mejor abogado del mundo, y de tanto juntarse con él, ella había aprendido lo básico de leyes.
Si Pamela quería denunciarla por agresiones, lo más seguro es que terminaran en una mediación civil.
Cuando salió del hospital, Amanda le envió el video que acababa de grabar a Gerardo Benítez.
Gerardo le respondió con un mensaje de voz:
—Señorita Solano, ¿tenemos otro encargo?
Amanda tecleó:
[Encuentra la forma de filtrar este video en los grupos de trabajo del Hospital San Gabriel.]
Gerardo le mandó un sticker de «OK».
Tras terminar el asunto, Amanda se subió a su coche.
Adentro hacía un poco de calor, así que bajó la ventanilla. Apenas puso las manos en el volante y estaba a punto de pisar el acelerador, cuando el grupo de WhatsApp que tenía con Verónica y Ginés empezó a explotar.
Llegaba un mensaje tras otro. Ella no pensaba revisarlos, pero la notificación no dejaba de sonar.
Abrió el chat y se quedó helada.
Verónica la etiquetó: [¡Amanda, qué mala onda eres! ¿Tienes prometido y nos lo escondes a mí y a Ginés?]
Ginés la etiquetó: [Amanda, con esto sí me enojé. Somos amigos de toda la vida y andas de novia a escondidas. Se nota que no nos quieres nada.]
Verónica: [Exacto, estoy muy dolida. Me voy a ir a llorar a un rincón.]
Ginés: [Con el corazón hecho pedazos.]
Ambos eran unos exagerados de primera; no paraban de mandar stickers dramáticos y quejas lloronas, al punto de que a Amanda ya se le había acalambrado la mano de tanto que vibraba el celular.
Cuando por fin se calmaron, ella se dignó a responder:
[No tengo ni novio, menos prometido. Elías es un amigo que conocí hace poco. No sé bien qué fue lo que pasó, pero en cuanto hable con él y lo averigüe, les cuento bien a los dos.]

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