Fue una declaración tan directa y repentina que tomó a Elías con la guardia baja.
Se quedó congelado por un segundo, pero rápidamente esbozó una sonrisa relajada.
—Amanda, ¿me estás contando esto para que me asuste y dé marcha atrás?
Ella no sentía nada más allá de la amistad por él, así que no le parecía justo hacerle perder el tiempo.
Ya se lo había dejado bastante claro antes, pero al parecer no había servido de mucho.
Manteniendo el semblante tranquilo, le contestó con firmeza:
—Señor Pineda, solo es la verdad.
Con la posición y el estatus que Elías tenía, a ella le costaba creer que estuviera dispuesto a casarse con una mujer divorciada que cargaba con ese pasado.
Era la naturaleza humana buscar el mayor beneficio y evitar problemas; a Amanda eso no le parecía mal.
Elías la miró con profundidad, un brillo intenso que se acentuaba bajo la espesa luz de la luna. Manteniendo los ojos fijos en ella, dio un paso al frente.
—Si uno acepta a alguien, tiene que aceptar también su pasado. ¿En serio crees que soy tan superficial?
»Además, yo también tengo un pasado. He tenido novias antes, ¿acaso eso es una mancha en mi historial?
»Amanda, de verdad me gustas y quiero construir algo a tu lado. Si te dejo ir, sé que me voy a arrepentir toda la vida.
Era evidente que lo decía con total sinceridad, y Amanda podía notarlo. Sin embargo...
Amanda frunció el ceño. De repente, el rostro de otra persona cruzó por su mente.
Con un tono un tanto ansioso, respondió:
—Señor Pineda, el matrimonio no es solo cosa de dos personas, es la unión de dos familias. Y dejando de lado si sus papás me aceptarían o no, lo más importante es que yo no siento nada por usted más allá de una amistad. Lo siento mucho, pero así como usted no quiere arrepentirse toda la vida, yo tampoco quiero forzarme a algo que no quiero.
Fueron palabras bastante duras, casi egoístas. Pero si algo tenía claro Amanda, era que alargar una situación así solo traería más problemas.

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