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Ciega por tu Mentira romance Capítulo 50

Nina no la contradijo; al parecer, estaba de acuerdo con Amanda.

Nina sostenía el pincel, mezclando colores en la paleta.

—Vete, no te voy a ayudar. Y no vuelvas, por favor.

Si la relación entre Olivia y Nina fuera puramente económica, sería fácil de manejar. Pero no lo era.

Olivia tenía a Nina comiendo de su mano porque Nina le debía un favor enorme.

La discapacidad de Nina era de nacimiento. Poco después de nacer, sus padres murieron en un accidente de tráfico mientras buscaban trabajo fuera. Nina creció con su abuelo, quien se volvió a casar cuando ella tenía diez años. La felicidad duró poco, pues el abuelo murió de cáncer unos años después. Todos pensaron que la abuelastra la abandonaría para irse con sus propios hijos, ya que no compartían sangre, pero para sorpresa de todos, la abuela decidió quedarse a cuidarla.

Por esa razón, los hijos de la abuela rompieron relaciones con ella. Hace unos años, la abuela enfermó gravemente y necesitaba mucho dinero para el tratamiento. Sus hijos no quisieron poner ni un peso. Fue entonces cuando Olivia encontró a Nina y cubrió todos los gastos médicos.

Desde entonces, llegaron a un acuerdo tácito: Olivia compraba sus cuadros, y Nina guardaba silencio absoluto.

Por eso Ginés no había logrado nada, ni con amenazas ni con sobornos.

Amanda no se impacientó ni dijo nada.

Solo se quedó mirando el cuadro de Nina. Unos diez minutos después, le llegó un mensaje al celular.

Amanda sonrió levemente. Ginés nunca decepcionaba.

Amanda se levantó y puso frente a Nina la información que Ginés le acababa de enviar.

—El favor que crees deberle no es más que una trampa diseñada por Olivia. Desde que vio tu talento, empezó a planearlo todo. Las pruebas muestran que tu abuela tenía un problema cardíaco menor que se podía controlar con medicamentos y descanso; no necesitaba cirugía. Y tus tíos fueron comprados por Olivia. Ella les pagó para que no dieran dinero, para orillarte a la desesperación y que así le estuvieras eternamente agradecida, facilitándole usarte a su antojo.

Nina miraba los informes médicos y el video donde sus tíos admitían todo, y en sus grandes ojos se mezclaban la conmoción y la furia.

Nina apretó los dientes.

—Me engañó. Fue ella.

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