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Ciega por tu Mentira romance Capítulo 51

Al ver a Nina temblando de rabia, Amanda sintió empatía.

Tres años atrás, ella misma había sido víctima de una trampa de Olivia que le costó las córneas y la dejó ciega por tres años. Ese odio corría por sus venas y Amanda no se permitía olvidarlo ni un segundo.

Amanda le dio unas palmaditas suaves en el hombro a Nina y le dijo con seriedad:

—Nina, tenemos que hacer que quienes nos lastimaron paguen por ello, ¿no crees?

...

Al salir de casa de Nina, caminó hasta el coche. Una vez dentro, Amanda le avisó a Ginés que Nina había aceptado testificar contra Olivia.

Ginés respondió con un sticker de "pulgar arriba".

Amanda agarró el volante con una mano, recordando lo que Nina le dijo antes de irse: Olivia planeaba organizar una exposición personal de pintura pronto.

Como su intento de colaborar con la Galería El Vuelo falló, se le ocurrió otra forma de limpiar su imagen.

Esta mujer no entiende hasta que se da el trancazo.

¿Quiere hacer una exposición?

Perfecto, ella le ayudaría a tener una exposición inolvidable.

Con la mirada fija al frente y una sonrisa dibujada en los labios, Amanda pisó el acelerador.

Después de resolver lo de Nina, regresó al hotel por la tarde.

Amanda se dio un baño y, con el pelo aún húmedo, recibió una llamada de Víctor.

—Amanda, sé mi novia.

Amanda se quedó pasmada. Revisó la pantalla para confirmar quién llamaba. Sí, era Víctor.

¿Se le botó la canica?

—Víctor, ¿te equivocaste de número?

Víctor sonaba al borde del llanto.

—Solo tengo una colega como tú, difícil equivocarse. Amanda, es una emergencia real, si no me ayudas, estoy frito.

Al otro lado de la línea el mundo se acababa, pero Amanda ni se inmutó.

Conocía demasiado bien a Víctor, famoso por ser un exagerado.

—Párale a tu carro, primero dime qué pasa.

Víctor respondió:

—¡Eso! Nos vemos mañana.

Amanda tomó una botella de agua y se sentó en la silla de mimbre del balcón. Disfrutando de la brisa, dio un sorbo y marcó un número.

Cuando contestaron, Amanda dijo:

—Señor Márquez, lamento molestarlo, pero hay un asunto en el que necesito su ayuda. Verá...

Mientras tanto, en la casa de los Zúñiga.

Olivia llevaba días preparando su exposición, pero tenía un gran problema: ninguna galería quería prestarle el espacio.

Olivia, frustrada, aventó el celular a un lado.

Elena se sentó junto a ella para consolarla.

—Olivia, no te angusties tanto. Esa gente es una convenenciera que solo se acerca cuando hay éxito. Ya le dije a tu papá lo del lugar, esperemos noticias.

Olivia frunció el ceño, tenía muy mala cara.

Nicolás Zúñiga era puro bla bla bla, pero a la hora de la verdad no servía para nada. En momentos clave, su hermano Román era más confiable. Olivia no esperaba nada de su padre.

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