¿Qué favor le debía ella?
¿Que la hubiera cargado hasta el auto?
Amanda frunció el ceño, llena de indignación.
Mauro alzó una ceja.
—Señorita Solano, como amigos, no deberías rechazarme.
«Ni en sueños somos amigos», pensó ella.
Sin embargo, al pensar en las consecuencias de ofenderlo, Amanda decidió que era mejor no buscarse problemas y accedió a conducir hasta allá.
Durante el trayecto, Mauro estuvo mirando su celular, aparentemente ocupado con asuntos de trabajo.
Amanda no tenía humor para prestarle atención; conducía distraída, con la mente llena de pensamientos pesados.
Había vivido en ese lugar tres años, y esta era la primera vez que notaba cómo era el paisaje del camino. Al ver los árboles perfectamente podados, supo que el Residencial Bosque Verde estaba cerca.
En Silvania, el Residencial Bosque Verde era considerado la propiedad más exclusiva. Lucas había comprado el terreno y buscado personalmente a quien diseñara y construyera esa villa.
Más tarde, Amanda se enteró por la familia Zúñiga de que el nombre «Residencial Bosque Verde» se lo había puesto Olivia. En ese entonces, Amanda nunca le dio importancia.
Solo pensó que, como Olivia y Lucas habían crecido en el mismo orfanato, tenían un lazo fuerte. No fue hasta hace tres meses que comprendió que todo aquello era una muestra del profundo amor de Lucas por Olivia.
Los tulipanes en el jardín, el picadero de caballos en la colina trasera, la piscina privada más grande de Silvania...
Visto ahora, no había duda de que todo había sido preparado según los gustos de Olivia.
Era tan obvio, ¿cómo fue que ella no se dio cuenta antes?
Amanda detestaba su propia estupidez. Si no hubiera puesto todas sus esperanzas en un hombre, no habría terminado tan lastimada.
Una lección tan dolorosa como esa bastaba para toda la vida
En este mundo, la única persona en la que podía confiar era ella misma.
En ese momento, tal vez porque se distrajo, Amanda olvidó dar la vuelta en una curva y el coche se dirigió directo hacia el muro de contención.
Reaccionando rápido, giró el volante bruscamente. La cola del auto derrapó y casi se volcaron.
Bajó del auto y contempló la arquitectura de estilo clásico frente a ella. Más que una villa, parecía la lujosa residencia de un noble de la antigüedad.
La decoración la hacía ver majestuosa y opulenta.
Con razón decían que era la mansión más importante de Silvania; hacía honor a su fama.
Solo que esa imponente construcción no había sido hecha para ella, sino para la mujer que ocupaba toda el alma de Lucas: Olivia.
A Olivia le gustaban esos elementos, así que Lucas construyó el Residencial Bosque Verde. A Olivia le gustaba usar vestidos de alta costura, así que Lucas quería vestir a Amanda como a su amada.
Qué ironía.
Viendo la escena, Amanda sonrió.
Incluso sintió cierto alivio de haber escuchado la verdad en el hospital hace tres meses; de lo contrario, quién sabe cuánto tiempo más la habrían tratado como a una estúpida.
Poco a poco, la mirada de Amanda se volvió más lúcida, e incluso un poco fría.
De repente, el zumbido de maquinaria pesada llegó desde los costados del Residencial Bosque Verde. Amanda desvió la mirada.

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