Tras despedir a Nina, Amanda no tuvo prisa por regresar. Verónica llegaría en una hora, así que aprovecharía para recogerla en el aeropuerto.
Amanda esperó en el auto. Al tomar su celular y abrir cualquier aplicación, lo único que aparecía eran noticias sobre la exposición de arte de hoy.
Olivia pensó que con una exposición personal podría revertir su mala situación, pero jamás imaginó que eso terminaría por destruirla completamente.
Al mismo tiempo, la identidad de Amanda había sido revelada. Los titulares de todos los medios estaban llenos de noticias sobre ella.
Esta vez, Amanda había conseguido una victoria absoluta.
Poco después, Ginés llamó para decir que debían salir a celebrar esa noche; los tres no se irían hasta emborracharse.
Amanda estaba de buen humor y, con el regreso de Verónica, no tuvo objeción. Era una rara oportunidad para relajarse.
Justo a tiempo, Verónica apareció frente a las puertas automáticas del aeropuerto. Se quitó los lentes de sol y se dejó llevar por la emoción, corriendo hacia Amanda y casi derribándola.
—Amanda, ¡eres increíble! Ya me imagino la cara de Olivia al enterarse de que tú eras la verdadera artista. Seguro que esa cara operada se le puso verde del coraje.
Amanda tomó su maleta y la guardó en la cajuela, respondiendo con indiferencia: —Sí, bastante verde.
Verónica subió primero al auto, abrió el techo convertible del deportivo y apoyó el brazo en la ventanilla. —Esa mosca muerta, ya era hora de que le dieran una lección. Si yo hubiera estado ahí, seguro la hacía morder el polvo.
Amanda sonrió y encendió el auto. —No hablemos de ella, me arruina el humor. ¿Cuánto tiempo te vas a quedar en Silvania esta vez?
Pisó el acelerador y el deportivo salió disparado.
Verónica se asustó un poco por el arranque. —Regresé para un intercambio académico, será aproximadamente un año.


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