Con una mirada sombría y sin pensarlo dos veces, Amanda agarró la botella y la estrelló contra la cabeza de Lucas.
Se escuchó un estruendo y el vino tinto se esparció por el suelo.
Amanda miró fríamente a Lucas, que lucía lamentable, y sonrió.
—Esto es lo que quise hacerte la última vez que te vi.
Tiró el cuello de la botella rota, se limpió las manos y salió con elegancia.
Lucas se quedó inmóvil, como una estatua insensible al dolor, mientras la sangre mezclada con vino le escurría por la cara.
Sus ojos enrojecidos brillaban extrañamente.
Aquella mujer que antes hacía lo imposible por animarlo si lo veía triste, ahora lo atacaba.
Ella lo amaba tanto, claramente... lo amaba tanto. ¿Cómo habían llegado a esto?
El corazón de Lucas se contrajo de dolor; apretó los puños hasta que los nudillos crujieron.
Amanda salió corriendo de la sala de descanso. Al llegar a las escaleras, chocó con Mauro, que subía.
—¿Por qué estás sudando?
Amanda se calmó.
—Nada, solo le abrí la cabeza a alguien. Tengo la adrenalina al tope.
Mauro miró hacia donde ella venía, su expresión se enfrió, pero no dijo mucho.
—Vámonos.
Al principio no le pareció extraño.
Pero mientras bajaban, Amanda reaccionó.
—Espera, ¿viniste a buscarme?
Mauro no lo negó. Se paró a su lado, firme.
—No vi a Lucas y no te encontraba a ti, así que vine a ver.
Amanda lo miró a los ojos, sorprendida.
—Después de todo somos aliados —añadió él—, y por ahora no quiero perder a la señorita Solano como socia.
La mente de Amanda se quedó en blanco un par de segundos.
¿Qué estaba esperando?
¡Estaba loca!
Finalmente, asintió.
—Entiendo. Por cierto, ¿encontró a la persona que buscaba, señor Díaz?
Mauro mantuvo su rostro impasible, pero su mirada era profunda.
—¿Ginés?
Increíble.
Tenía un 50% de probabilidad y falló.
Amanda le dio unas palmaditas.
—Amiga, ya vete a dormir.
Verónica sonrió de oreja a oreja.
—Adiviné, ¿verdad? Soy una genio.
Ginés comentó:
—Verónica, prométeme que nunca vas a beber con nadie que no sea Amanda o yo.
—¿Por qué?
—Para que no se te caiga el teatro de niña genio —bromeó Amanda.
Verónica inclinó la cabeza, tratando de entender. Estaba borracha de verdad.
Pero Amanda estaba muy sobria. Golpeó suavemente el hombro de Ginés y, borrando su sonrisa, dijo con seriedad:
—Olivia descubrió quién es mi padre biológico.

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