La borrachera se le pasó de golpe a Ginés, que miró a Amanda sorprendido.
—Vaya con Olivia, qué rápida. Ni yo tengo pistas todavía y ella ya lo averiguó.
Amanda también sentía curiosidad. Ginés tenía contactos impresionantes en el mundo legal, y aun así, Olivia se le había adelantado.
Frunció el ceño y dio un trago a su botella, sintiendo una opresión en el pecho.
Ginés intentó consolarla.
—Amanda, no te preocupes, buscaré más formas de averiguar.
Ella asintió y chocaron las botellas.
En el hospital.
Lucas yacía en la cama, con la frente vendada y un humor de los mil demonios.
Olivia, que lo había acompañado, estaba a su lado. Sin embargo, sus intentos de agradarle solo recibían impaciencia por parte de él.
Olivia tenía claro que Lucas era su última tabla de salvación y debía aferrarse a él.
Le sirvió un vaso de agua y se lo ofreció con cuidado.
—Lucas, toma un poco de agua.
La habitación era una suite de lujo, enorme para una sola persona.
Lucas la miró con indiferencia.
—Te dije que te fueras, ¿no escuchaste?
No era sorda, claro que había escuchado.
Olivia sonrió levemente. Recordaba que a Lucas le gustaba verla sonreír. Además, para verlo hoy, se había puesto un vestido elegante que sabía que a él le gustaba.
La prenda resaltaba su figura curvilínea, y la abertura de la falda dejaba ver sus piernas torneadas, despertando la imaginación de cualquiera.
—Sé que no quieres verme, pero necesitas que alguien te cuide. En cuanto te recuperes, me iré sin que me lo digas. No seré un estorbo para tus ojos.


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