Para demostrar su sinceridad, Olivia dejó de lado el recato y se lanzó a los brazos de Lucas.
—Lucas, te amo. La inmadurez me cegó en el pasado, me equivoqué. Quiero volver, dame una oportunidad, ¿sí?
El cuerpo de él permaneció rígido. Su voz sonó gélida:
—Olivia, ya no te amo.
O quizás, nunca la amó de esa manera.
Lucas acababa de entender algo recientemente: sus sentimientos por Olivia eran los de un hermano, un compañero de vida con quien creció y a quien se acostumbró a proteger.
Si Olivia quería algo, Lucas hacía lo posible por dárselo. Ella quería a David, y Lucas la ayudó a convertirse en la señora Ortega.
Pero si se trataba de entregar a Amanda, Lucas descubrió que no podía. No podía ser generoso con ella.
La simple idea de que Amanda se casara con David, durmieran juntos y tuvieran hijos, hacía que Lucas sintiera que se asfixiaba.
Solo de pensarlo le dolía el corazón.
En esta vida, y en las siguientes, jamás le cedería a Amanda a nadie.
Olivia se quedó rígida. No podía creer lo que oía.
Lo soltó lentamente y lo miró atónita.
A diferencia de la conmoción de ella, Lucas no mostraba emoción alguna.
—Olivia, confórmate con ser la señora Ortega. No pienses en nada más.
***
Amanda había mandado a Lucas al hospital de un botellazo. Ginés estaba listo para sacarla de la cárcel, pero Lucas no tomó represalias, lo cual fue un alivio inútil para el abogado.
El buen humor de Amanda se esfumó.
—David, si vas a hacer el ridículo vete a otro lado, no me arruines el día.
Intentó abrir la puerta, pero David la cerró de un empujón y bloqueó el paso con su cuerpo.
—Amanda, ¿recuerdas nuestra primera cita? Te regalé un ramo igual a este. Nunca olvidaré lo linda que te veías, esa sonrisa me curó el alma.
Amanda lo recordaba. En ese entonces, David tenía la inocencia de la juventud y hasta se sonrojaba al darle flores.
Amanda llegó a pensar que pasarían la vida juntos, pero David no resistió la tentación y se dejó deslumbrar, separando sus caminos.
Sentía nostalgia, sí, pero después de tantos años y tantas cosas, su corazón ya no se movía por él.
—Agarra tus flores y lárgate.

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