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CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA romance Capítulo 110

C110-UN HIJO ORGULLOSO.

BASE SEAL, CALIFORNIA – 9 AÑOS ANTES

El sol caía fuerte sobre el campo de entrenamiento. Grayson tenía la camiseta empapada, las botas llenas de tierra y una sonrisa despreocupada. Reía con dos compañeros mientras repasaban una anécdota del último despliegue en Oriente Medio, una que involucraba una cabra, una granada sin espoleta y un traductor que jamás volvió a hablarles después de eso.

—Te juro que si vuelvo a ver una cabra, pido traslado inmediato —dijo uno de ellos, todavía riendo.

Grayson soltó una carcajada, estaba relajado; la misión había sido un éxito, habían regresado completos y él acababa de recibir una nueva condecoración por liderazgo en combate y en su cabeza, ya ensayaba cómo se lo contaría a su padre.

Entonces, la voz de su superior, el teniente Barnes, lo sacó del momento.

—Sargento Grayson, tiene una llamada urgente de su madre. Venga conmigo.

La risa murió al instante. Grayson se irguió, y al girarse, notó la expresión dura en el rostro del teniente; aun así, asintió sin decir palabra y lo siguió.

Cruzó la base con el corazón acelerado y pensó en su familia. Su madre seguramente quería organizarle una cena sorpresa, tal vez incluso había invitado a sus amigos de la secundaria.

Entró a la pequeña sala de comunicaciones y el oficial de guardia le indicó con un gesto que respondiera.

Grayson respiró hondo y descolgó.

—¿Mamá? Pensé que llamarías el sábado... Aún tengo que hacer...

—Hijo… —La voz de su madre era un susurro roto, y Grayson se enderezó, apretando con más fuerza el auricular.

—¿Mamá? ¿Qué pasa? ¿Por qué lloras? ¿Es Gianna?

Hubo un silencio, donde solo se oía la respiración entrecortada de su madre, seguida de un lamento que se le clavó al fondo del estómago.

—Hijo… tu… —El llanto se volvió más fuerte, más crudo—. Tu padre está muerto.

Grayson se quedó inmóvil y por un momento las palabras no tuvieron sentido.

—¿Qué? —la palabra salió seca, apenas audible.

—¿Señora Maxwell? Venimos a ejecutar la orden de desalojo. Esta propiedad queda embargada de forma inmediata por deuda acumulada impagada.

—¿Qué…? —la madre apenas pudo hablar—. No… esta es nuestra casa…

—Lo siento, señora. Tiene treinta minutos para recoger lo esencial.

Grayson dio un paso al frente.

—¿Están echando a una viuda el día del funeral de su esposo?

—Es una orden judicial, señor —respondió uno de los hombres sin emoción—. Podemos llamar a la policía si hay resistencia.

Gianna rompió a llorar, abrazada al marco de la escalera, y Grayson sintió que el dolor de la pérdida se convertía en un deseo de venganza. Ese día, ayudó a su madre a empacar fotos y documentos, y también subió al cuarto de su padre por última vez.

En el escritorio aún quedaban hojas sueltas con esquemas y fórmulas; se guardó algunas en la chaqueta sin que nadie lo viera.

Y al salir, mientras se alejaban con lo poco que les permitieron llevar, se giró una última vez, mirando el hogar donde creció, donde su padre le enseñó a soñar y se prometió que lo recuperaría, que sería suyo de nuevo y que los Langley pagarían sin importar cuánto tiempo le tomara.

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