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CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA romance Capítulo 109

C109-EL PRECIO DE UNA MENTIRA.

La lluvia comenzaba a golpear las ventanas cuando Aisling estacionó frente al pequeño hotel del centro. Nada lujoso, solo lo suficiente para que nadie supiera que estaban allí. Kate no había querido ir al apartamento de su amiga, porque el simple pensamiento de que Grayson pudiera aparecer en la puerta, con más promesas y más mentiras, le revolvía el estómago.

Bajó en silencio, con Oliver en brazos, y su hijo ya no dijo nada. Se había quedado callado durante el camino, con la mirada fija en sus propias manos. No preguntó adónde iban, ni pidió explicaciones. Solo bajó cuando le abrieron la puerta y caminó detrás de su madre sin soltar su mochila.

El cuarto tenía dos camas, una ventana con cortinas pesadas y un olor a encierro que dolía. Pero apenas entraron, Oliver soltó su mochila, cruzó la habitación y se metió en el dormitorio contiguo, cerrando la puerta de golpe.

—Oli... —Kate susurró, avanzando tras él, pero ya estaba del otro lado.

Dentro, Oliver se dejó caer en la cama, boca abajo, y empezó a llorar con fuerza. Primero, en silencio, pero luego el llanto se volvió un grito, y se encogió sobre sí mismo, apretando sus manitas contra las sábanas.

—¿Por qué...? —sollozó—. ¿Por qué no puedo estar con papá? ¿Qué hice mal? ¿Por qué mamá me trajo aquí? ¿Por qué ya no estamos en casa?

Lloraba sin control, como si su pequeño pecho no pudiera soportar tanto. Su mundo, que era feliz, se había vuelto oscuro y no entendia porque. Pensó que todo estaba bien, que al fin tenía un papa que lo quería, una abuela que lo abrazaba y su madre ya no estaba triste.

Y ahora… todo volvia a ser como antes.

—¡Quiero volver! —gritó, dándose la vuelta y mirando hacia la puerta—. ¡Quiero estar en mi casa! ¡No quiero estar aquí! ¡No quiero estar solo otra vez!

Del otro lado, Kate estaba sentada en el suelo y apoyaba la frente contra la madera, mientras lloraba.

—Perdóname... —susurraba—. Perdóname, mi amor...

Le temblaban los labios y el pecho se le agitaba con cada llanto que oía dentro. Sabía que le estaba arrancando algo a su hijo. Pero también sabía que no podía permitirle crecer en una mentira, en una casa donde el amor era sucio y la traición tenía rostro de padre.

—Yo no quería lastimarte… —musitó, cerrando los ojos—. No a ti... nunca a ti...

Aisling llegó en silencio y se agachó junto a ella.

—Déjalo… déjalo que llore y se calme.

—No quiero que me odie —susurró Kate, sacudiendo la cabeza—. No quiero que mi hijo me culpe por esto…

Aisling la abrazó sin dudarlo y Kate se derrumbó contra ella.

—Lo estoy destruyendo, Aisling… —dijo entre sollozos—. ¿Soy una mala madre? ¿Eso soy?

—No lo eres —respondió Aisling sin pensarlo, separándose apenas para mirarla—. No, Kate. Solo estás tratando de protegerlo.

—Pero me duele… —Kate se sujetó el pecho—. Siento que me estoy consumiendo por dentro. Como si hubiera una mano… aquí, apretando, arrancándome todo. No sé qué hacer con esto... y tengo miedo, Aisling. Miedo de que él nunca me perdone...

Aisling le limpió una lágrima con los dedos, sin dejar de sostenerla.

—Oliver no te va a odiar, Kate… Solo está asustado. Está confundido. Es un niño que no entiende por qué todo se rompió de repente. Pero si vamos a culpar a alguien, que sea a Grayson. Sólo él tiene que cargar con esa culpa, no tú.

La abrazó con más fuerza y cerró los ojos, apretándolos con rabia, conteniendo el llanto que no quería soltar frente a su amiga.

«Malditos hombres...» pensó, con tristeza y rencor.

La mansión Maxwell estaba sumida en un tenso silencio,y Grayson, con el rostro descompuesto se servía otro trago de whisky con manos temblorosas. El cristal tintineó contra la botella cuando la volvió a dejar sobre la mesa. Se llevó el vaso a los labios, pero antes de beber, una mano firme lo detuvo.

—Beber no va a resolver nada —dijo su madre.

No respondió. Ni siquiera la miró. Solo se soltó, dio media vuelta y se bebió el líquido de un solo trago. Fue en ese momento cuando la puerta se abrió y Gianna entró con pasos cautelosos, pero con la frente en alto. Grayson alzó la mirada y, al verla, los músculos de su mandíbula se tensaron. Sus ojos estaban rojos, llenos de rabia, dolor y una desesperación a punto de estallar.

—¿Por qué? —preguntó, con voz ronca—. ¿Por qué la llamaste, Gianna?

Ella no contestó y Grayson apretó el vaso.

—¿Por qué me destruiste? —rugió, y de repente lanzó el vaso.

El estruendo sacudió el salón y Gianna se sobresaltó, pero no se marchó. Grayson avanzó hacia ella con pasos firmes y decididos, y su madre fue tras él, alarmada.

—¡Hijo, por favor... es tu hermana...!

C109-EL PRECIO DE UNA MENTIRA. 1

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