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CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA romance Capítulo 114

C114-MADRE MENTIROSA.

Grayson estaba sentado en su estudio, la luz cálida de la lámpara apenas tocaba su rostro tenso, y los informes que tenía ante él estaban abiertos pero ignorados. Mason lo observaba desde el otro extremo de la habitación, sin decir palabra durante varios segundos, como si estuviera decidiendo si hablar o dejarlo hundirse un poco más.

—¿Y qué vas a hacer? —preguntó finalmente—. Ya Alejandra te dejó claro que se las va a cobrar, y esa... esa no conoce la piedad.

Grayson se llevó ambas manos a la cara y apretó los ojos como si quisiera borrarse del mundo, como si necesitara dejar de pensar un segundo.

—Lo sé —dijo con voz apagada—, pero que haga lo que quiera. En este momento no me importa un carajo ni la empresa, ni nada...

El silencio que siguió fue denso. Mason frunció el ceño, se levantó de la silla y caminó hasta dejarse caer junto a su amigo en el sofá de cuero.

—Bueno, te dije que hablaras, pero como no me escuchas... —suspiró con fastidio y dolor mezclados—. Ahora mira los resultados.

Grayson no respondió, su mirada perdida en un punto fijo del suelo, pero el sonido del celular vibrando sobre la mesa lo sacó de golpe de ese estado. Lo tomó de inmediato y respondió.

—¿Sí?

Era su asistente, y su voz sonaba inquieta.

—Señor... estamos en el apartamento de la señorita Aisling. No hay nadie. Al parecer no vinieron aquí después de salir de la mansión.

Grayson se puso de pie como si le hubieran clavado un cuchillo en el pecho.

—¡¿Cómo que no hay nadie?! —exclamó—. ¿Llamaron a los vecinos? ¿A alguien que haya visto algo?

—Lo estamos haciendo ahora mismo, pero nadie ha visto movimiento en ese piso desde ayer.

—Habla con el vigilante —ordenó con urgencia—. Tal vez él sepa algo, quizás Aisling ha ido sin que nadie la vea. Yo iré al bufete, hablaré directamente con la asistente de Kate.

—Entendido, señor.

Colgó y lanzó el teléfono al sofá. Mason ya se había puesto de pie.

—Bien, concierte una cita con la señora Langley —dijo sin levantar la mirada—. Creo que tengo una oferta que no podrá rechazar.

***

En el hotel, Kate empujó la puerta con el corazón latiéndole fuerte en el pecho. Oliver estaba sentado al borde de la cama, con los pies colgando, el cuerpo encorvado y la mirada perdida en la alfombra; no lloraba, no hacía ruido, solo estaba ahí, perdido.

—Mi amor... ¿Podemos hablar?

Ella se sentó con suavidad a su lado y alzó la mano para tocarle el cabello, pero se detuvo cuando su hijo se apartó instantáneamente.

—Cielo, sé que estás triste... —empezó, despacio, tratando de encontrar las palabras correctas—. Y sé que sientes miedo, confusión. Yo también lo siento, mi amor. Pero te prometo algo... vamos a estar bien. Mamá no va a dejar que esto te haga daño, ¿sí?

Oliver parpadeó, aún sin mirarla, pero sus labios apretados y, finalmente, habló, pero lo que dijo le quitó el aliento a Kate.

—Eres una madre mentirosa.

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