C115- MADRE DEVOTA.
Kate lo miró en silencio. Un segundo. Dos. No podía responder de inmediato.
—Cariño...
—¿Por qué me dijiste que iba a estar con mi papá? —la voz de Oliver se quebró—. Dijiste que íbamos a estar con él... y ahora no está...
—Oliver... —Kate lo miró con los ojos llenos de culpa—. Escúchame, por favor. Yo creí que podríamos... que él iba a estar con nosotros. Pero no me dijo la verdad. Tiene una esposa y una vida que no me contó, y mamá no puede... no puede perdonar eso.
—¿Por qué no? —Oliver giró la cabeza, con la cara arrugada por el llanto que se contenía—. No la quiere, mamá... no quiere a esa señora fea...
Kate estaba sin palabras.
—Él también lloraba... como yo... —siguió el niño, con los ojos clavados en ella—. Me abrazó fuerte, no quería que me fuera. Y un amigo de mi clase dijo que su papá tiene otra esposa... que hay papás que hacen eso...
Ella lo miró sin poder respirar.
—¿Por qué tú no puedes ser su otra esposa? ¿Por qué no podemos estar juntos como dijiste?
Kate se quedó congelada. Sintió que algo se rompía por dentro, porque su hijo acababa de golpearla con una pregunta inocente, siendo cruel sin querer. Solo lo miró con el corazón hecho cenizas, porque sabía que no había salida. Cualquier camino que tomara iba a dolerle a alguien, pero sobre todo a él.
A Oliver.
—Oliver, escucha... —intentó tocarlo, pero el pequeño apartó la mano de un manotazo.
—¡No me toques!
La voz le salió aguda, rota, como un grito que llevaba horas queriendo escapar. Kate bajó la mano sin poder respirar.
—Mi amor...
—¡No soy tu amor! —gritó Oliver, con las mejillas encendidas—. ¡Me mentiste! ¡Me dijiste que íbamos a vivir con mi papá, que íbamos a estar los tres! ¡Y ahora me traes a este lugar feo y él no está!
—Escúchame, por favor... no es tan simple.
—¡No me importa esa señora! ¡Él no la quiere! —le interrumpió, con los ojos inyectados de lágrimas—. ¡Tú le dijiste cosas feas! ¡Eres mala, mamá! ¡Eres mala!
Kate sintió el golpe directo, justo en el pecho. Quería hablar, explicarle y abrazarlo, aunque fuera a la fuerza. Pero Oliver se bajó de la cama de un salto y corrió hasta la puerta del dormitorio contiguo y la cerró de un portazo tan fuerte que las paredes vibraron.
Ella se quedó inmóvil y el eco del "eres mala" seguía sonando dentro de su cabeza.
***
En el restaurante privado del hotel, Alejandra se sentó primero. Cruzó las piernas con elegancia y colocó su bolso Hermès sobre la mesa, en un gesto casual pero cuidadosamente calculado.
Sabía exactamente con quién estaba a punto de tratar.
Mirabelle Langley llegó tres minutos tarde, vistiendo un vestido Chanel que había visto tiempos mejores. Se acomodó frente a ella con una sonrisa forzada y miró el bolso con un descaro apenas disimulado.
—¿Ese es... el Hermès de la última colección? —preguntó con un deje de codicia que ni siquiera intentó ocultar.
Alejandra fingió una sonrisa suave.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA
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