C117-NO CAMBIA NADA ENTRE NOSOTROS.
El chirrido de las puertas automáticas apenas se escuchó por encima de los gritos desesperados de Kate.
—¡Ayuda! ¡Por favor, alguien que me ayude! —irrumpió en el hospital con Oliver en brazos, pálido, inconsciente, con la cabeza apoyada sobre su hombro, y una mancha de sangre aún fresca en su camiseta.
Dos enfermeras corrieron al verla. Una de ellas ya hablaba por el intercomunicador mientras la otra extendía los brazos hacia el niño.
—¡Mi hijo! ¡Está sangrando, no responde! ¡Hagan algo, por favor!
—Tranquila, vamos a encargarnos. Déjelo con nosotras.
—¡No! ¡No, tengo que estar con él!
—Señora, por protocolo no puede pasar.
Las manos de Kate se aferraron al pequeño cuerpo, pero ya se lo estaban quitando y un segundo después, Oliver desapareció tras una puerta doble, rodeado de personal médico.
Aun asi, ella intentó seguirlos.
—¡Soy su madre! ¡Tengo que estar con él!
Un enfermero le bloqueó el paso con firmeza.
—Por favor, siéntese, le avisaremos en cuanto tengamos noticias.
Kate retrocedió un paso, luego otro, hasta que sus rodillas cedieron y cayó en una silla de la sala de espera. Se dobló sobre sí misma, con la cara entre las manos, el cuerpo temblando, no podía dejar de llorar.
Todo pasó tan rápido. Un segundo estaba bien y al siguiente...
—¡Kate!
Alzó la vista y Aisling venía corriendo por el pasillo, con el rostro lleno de pánico, pero detrás de ella: Grayson.
Su amiga la abrazó de inmediato.
—¿Qué pasó? ¿Dónde está Oliver?
—Estaba dormido... —balbuceó Kate, aún sin procesar del todo—. Estaba dormido, Ais... y de repente le comenzó a sangrar la nariz... —se le quebró la voz, el recuerdo la golpeó como una ola helada—. Lo toqué y... tenía fiebre, pero no reaccionaba, ¡no abría los ojos!
Aisling la abrazó más fuerte.
—Está en buenas manos ahora, van a ayudarlo. Respira, Kate, tienes que calmarte un poco...
—Tengo miedo —confesó ella en un susurro, mientras se aferraba a su amiga—. No puedo perderlo, no a él...
Aisling le acarició la espalda, con la voz temblorosa.
—No vas a perderlo. Voy a buscarte un poco de agua, ¿de acuerdo? No te muevas de aquí.
Cuando Aisling se alejó por el pasillo, Grayson se acercó con cuidado. El rostro de Kate estaba hinchado por el llanto y, aun así, se veía fuerte. Él dio un paso más y alargó la mano para tocarle el brazo.
—Kate...
—No me toques -respondió, alejándose.
La frialdad de su tono lo congeló y Grayson bajó la mano sin discutirlo.
—Solo quiero saber si está bien, ¿qué pasó?
—¿De verdad preguntas? —ella lo miró, dejándole ver en sus ojos toda su ira—. ¡Estaba sangrando, Grayson! ¡Eso pasó! Y ahora está solo allá adentro, y yo no puedo hacer nada porque tú... —se le quebró la voz, pero se obligó a continuar—. ¡Porque tú congelaste los fondos del hospital!
Él frunció el ceño, confuso.
—¿Qué? ¿Como que no hay fondos?
—Si. No hay presupuesto.o, me llamaron para decir que no podian seguir tratandolo ¿Entiendes? ¡Mi hijo está en riesgo por tu maldita culpa!
Grayson sintió el peso de esas palabras y tragó saliva, atando cabos.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA
Poor translation...