C118-HICISTE LLORAR A MAMÁ.
Oliver parpadeó despacio, desorientado por la luz blanca del techo, y la primera imagen que enfocó fue el rostro de su madre, sentada a su lado, tomándole la mano con delicadeza.
—Hola, mi amor... —susurró Kate, con una sonrisa temblorosa—. Ya estás despierto, mi niño valiente.
El niño la miró y sus labios se curvaron apenas, movió los dedos, buscando más de su contacto.
—¿Te duele algo? —preguntó ella enseguida, acariciándole el cabello—. ¿Tienes frío? ¿Quieres agua?
Oliver negó despacio y tardó unos segundos en hablar, pero cuando lo hizo, su voz sonó clara, aunque débil.
—¿Dónde está papá?
Kate contuvo el aliento. No esperaba esa pregunta tan pronto, ni con tanta fuerza.
—Está aquí —le dijo con suavidad y forzando una sonrisa—. Está esperando afuera, también quiere verte, cielo.
Los ojos de Oliver se iluminaron al instante y los latidos de su corazón se aceleraron.
—¿De verdad? —susurró—. ¿Papi está aquí?
Kate asintió y lo atrajo con cuidado a su pecho.
—Sí, amor, está aquí. Y ya no se irá, al igual que tu abuela... mamá no te va a separar de ellos.
Oliver rodeó su cintura y se abrazó a ella con más fuerza de la que esperaba. Kate cerró los ojos conteniendo las lágrimas mientras sentía el calor de su hijo. Era como si su alma se recompusiera, como si por fin pudiera respirar después de haber estado bajo el agua demasiado tiempo.
—Perdóname, mi vida… —murmuró—. Perdóname por todo esto…
Kate se apartó un poco, le besó la frente y lo miró con ternura.
—Voy a buscar a tu papá, ¿sí?
Oliver asintió con una sonrisa, esa que hacía que todo doliera menos. Salió de la habitación y allí estaba Grayson, esperando.
—Quiere verte —le dijo simplemente.
Él la miró, asimilando esas palabras como si le hubieran devuelto la vida, y dio un paso, mientras Kate se hacía a un lado. Se quedó allí, abrazándose a sí misma, y Aisling se acercó sin decir una palabra y la abrazó.
—Hiciste lo correcto —murmuró—. Hiciste lo que él necesitaba.
Kate apoyó la frente en su hombro y respiró hondo.
—Lo sé…
Grayson cerró la puerta con suavidad y dio un paso hacia su hijo. El corazón le palpitaba con tanta fuerza que sentía que se le iba a salir del pecho, pero caminó hasta la cama y, sin pensarlo, se arrodilló frente a él.
—Hola, campeón…


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA
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