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CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA romance Capítulo 130

C130-LO QUE YO NO HE TERMINADO.

Kate lo fulminó con la mirada.

—No te atrevas. No te atrevas a venir a juzgarme después de todo lo que hiciste.

—No estoy juzgandote —se acercó, un paso, dos… y ella retrocedió sin pensarlo—. Te estoy diciendo que me importa una mierd4 cuántos muñequitos con trajes caros se te acerquen. No voy a quedarme parado mientras otro intenta lo que yo aún no he terminado.

Esto la hizo estremecer y su corazón se aceleró contra su voluntad.

—¿Y qué no has terminado, Grayson?

—Nosotros —respondió sin dudar, con la voz grave, firme, pero sus ojos... sus ojos estaban rotos—. Mentí. Lo sé. Lo arruiné todo. Pero si rendirme fuera una opción, ya lo habría hecho cuando dijiste que me odiabas. No estoy aquí para discutir… estoy aquí para que me mires una vez más como si todavía te importara. Porque yo no dejé de elegirte, ni siquiera cuando fingí que no lo hacía.

Las mariposas revolotearon en su estómago y abrió la boca para responder, pero no le salió nada. Solo podía mirarlo, sentirlo, tan cerca, tan enfurecido, tan jodidamente suyo.

Grayson bajó la voz y su tono se volvió más grave, más íntimo.

—No importa cuánto me odies. En el fondo sabes que nacimos el uno para el otro, Kate. Y que ningún Adler Klein va a hacerte sentir así.

La miró a los labios y su respiración se agitó; solo estaban a un par de centímetros, el silencio era una amenaza y el deseo explotó.

Grayson cerró la distancia entre ellos y capturó los labios de Kate en un beso furioso. No hubo suavidad ni delicadeza—solo necesidad pura.

Y Kate apenas tuvo tiempo de respirar antes de que sus labios se movieran contra los de él, rendida al instinto, al deseo que siempre los había consumido. Grayson la empujó contra la pared, el impacto sacudiéndole el aliento, pero ella no se resistió. Sus manos se aferraron a su camisa, tirando de él más cerca, como si temiera que desapareciera si lo soltaba.

El beso era una batalla, un reclamo.

Los dientes de Grayson chocaron contra los suyos, su lengua invadiendo su boca con una urgencia que la hizo temblar. Cada movimiento era una promesa, una maldición, una confesión. Y él saboreaba su rendición, la forma en que su cuerpo se arqueaba hacia el suyo, cómo un gemido ahogado escapaba de su garganta cuando él mordió su labio inferior, tirando con justeza para luego calmarlo con un arrullo de su lengua.

Grayson alzó una ceja, estudiándola como si las piezas empezaran a encajar en su mente.

—¿Cómo lo conociste?

—Grayson, no quiero hablar de eso, ¿ok?—Kate se giró y se apoyó en el lavabo, los nudillos blancos por la fuerza con que se aferraba al borde. —Más bien hay algo que debo decirte.

Su voz cambió. Ya no era tensa, sino suave, con un peso extraño. Iba a decirselo. Pero entonces...

—¿Kate? ¿Estás ahí? Llevas mucho tiempo en el baño. ¿Estás bien?

El corazón de Kate se aceleró en cuanto escuchó a Adler. Miró a Grayson con ojos desesperados, pero él solo esbozó una sonrisa malvada, como si disfrutara cada segundo de la situación.

—Kate—repitió Adler, más firme—. Si no me contestas, voy a entrar.

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