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CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA romance Capítulo 141

C141- LA RECIENTE EXESPOSA DE GRAYSON.

Kate sintió cómo una corriente eléctrica le recorría el pecho. Esa última frase, dicha desde el suelo, con esa voz rasgada y tan distinta a todo lo que Grayson representaba, la desarmó por completo.

Lo miró... y no pudo contenerlo. Las lágrimas le nublaron la vista sin permiso.

Él seguía arrodillado, sin moverse, con la mirada clavada en ella como si temiera que cualquier gesto la alejara. Entonces, Kate hizo algo que no tenía planeado, que no había previsto ni discutido consigo misma; se arrodilló también, justo frente a él y le acarició el rostro.

Y sin pensarlo más, lo besó.

Fue un beso tembloroso, breve, cargado de emoción y lágrimas. Uno de esos que no buscan promesas, solo cerrar heridas.

—Te amo, Grayson… —susurró.

Él la miró con los ojos vidriosos y abrió la boca para decir algo, pero ella negó con la cabeza.

—Pero también me lastimaste. Me mentiste y me hiciste pensar que el amor era real… cuando la realidad es que estabas casado con otra mujer, cuando no eras libre.

Él cerró los ojos con fuerza, arrepentido, pero no intentó justificarse.

Kate lo abrazó y apoyó la cabeza en su hombro y él la envolvió en sus brazos.

—Pero necesito tiempo. No para dejar de amarte, porque eso no va a pasar. Sino para confiar otra vez en ti... y en mí.

Grayson asintió con un leve temblor en los labios.

—Lo que necesites… todo el tiempo que quieras. Solo no me alejes, no otra vez.

—No lo haré —susurró Kate—. Solo... dame un poco de espacio para sanar completamente.

Él volvió a abrazarla y no dijo más. Ambos sabían que algo había cambiado y que el amor seguía intacto, latiendo y esperando.

Pero lejos de allí, la habitación de Alejandra estaba sumida en penumbra; de repente la puerta se abrió y la persona entró con un sobre en las manos.

—Aquí está la información que conseguí —dijo, tendiéndole el sobre sin titubear—. Soborné a algunas enfermeras. No fue fácil… pero mi apellido ayudó.

Alejandra arqueó una ceja, interesada, y tomó la carpeta. La colocó sobre su regazo, la abrió con calma y comenzó a hojear. Sus uñas perfectamente cuidadas pasaban página por página sin inmutarse… hasta que sus ojos se posaron en el encabezado del informe.

—¿Así que este es el mocoso enfermo? —murmuró sin levantar la vista.

—Así es. El chico tiene leucemia, aunque ya recibió un trasplante de médula.

Los dedos de Alejandra se detuvieron en seco. Sus ojos se entrecerraron llenos de desagrado por Oliver.

Era un nuevo comienzo. Uno que no planeaba apresurar, pero tampoco negar. Le había pedido tiempo, sí. Pero no porque no lo amara. Al contrario. Lo amaba tanto que quería que lo que construyeran ahora fuera real, puro y verdadero… sin mentiras, sin medias verdades, sin heridas abiertas.

Entró a su oficina, dejó su bolso en el sillón y se sentó frente al escritorio. Encendió el monitor, respiró hondo, dispuesta a comenzar el día. Pero el teléfono sonó antes de que pudiera siquiera abrir un solo correo.

El número en pantalla era desconocido.

Dudó, pero respondió.

—¿Bueno?

La voz al otro lado fue suave, femenina y elegante.

—Hola, Kate. Te llamaba para preguntarte si tienes espacio en tu agenda para mí.

Kate frunció el ceño.

—¿Quién eres?

La risa que vino del otro lado no fue cálida.

—Vaya… pensé que mi nombre aún tenía algo de peso —dijo la mujer con tono seco—. Alejandra San Román. O, para tu tranquilidad… la reciente exesposa de Grayson.

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