C15-NUESTRO HIJO.
Esa frase la destrozó y, no pudiendo contenerlo más, se cubrió el rostro con las manos, sollozando con dolor. James la miró unos segundos, impasible, aunque por un instante —mínimo y casi invisible— su expresión se suavizó.
—Tienes hasta mañana —dijo finalmente, ajustándose la chaqueta. Se giró hacia la puerta, pero antes de salir, se detuvo—. Ah, y no intentes huir. No estás en posición de negociar.
Cerró la puerta con suavidad y el sonido fue más cruel que un portazo.
Katerina se quedó sola, temblando. Su miedo se mezclaba con la rabia y la culpa. Quería ser fuerte, pero se sentía vacía. Se odiaba por haberlo enfrentado débilmente, por sentir esa mezcla extraña entre pavor y atracción irracional. Aunque su mente le gritaba que lo detestaba, su cuerpo recordaba algo que no podía explicar.
Pensó en Arthur.
Y allí mismo decidió que si tenía que arrastrarse, lo haría, que si tenía que vender su dignidad para verlo, también.
Apretó los puños y se juró que sobreviviría. Pero sabía que estar atada a James Stanton era entrar en una guerra que no podía ganar y, aun así, daría pelea.
***
A la mañana siguiente, el hospital amaneció envuelto en un silencio casi sagrado. Por la ventana se filtraba una luz suave que apenas tocaba las sábanas blancas. Katerina se había sentado en la cama desde muy temprano; no había dormido, sus ojos estaban hinchados, y aunque intentaba mantener la calma, el temblor de sus manos la delataba.
Pero ella había tomado una decisión.
Cuando la puerta se abrió, no tuvo que mirar para saber quién era, porque la forma en que el ambiente cambiaba lo anunciaba antes que su voz. James entró, impecable como siempre, cerró la puerta sin ruido y se acercó despacio.
—Te ves más despierta hoy —dijo, sin emoción.
Katerina levantó la vista con frialdad.
—Acepto. —Su voz tembló al decirlo, pero logró sostenerle la mirada—. Me casaré contigo… pero antes quiero verlo. Quiero ver a mi hijo antes de firmar lo que sea.
James no se sorprendió; de hecho, había anticipado la petición. Si ella se negaba de nuevo, entonces iba a usar a su hijo para conmoverla y presionarla. La observó en silencio unos segundos, con esa expresión que no dejaba adivinar si estaba complacido o simplemente analizando el movimiento de su pieza de ajedrez. Finalmente asintió.
—De acuerdo. —Sacó su teléfono, marcó un número corto y dio una orden seca—. Traigan a mi hijo.
Katerina contuvo el aliento con la emoción fluyendo por cada vena de su cuerpo. Pasó una hora, pero para ella fue una eternidad, antes de que la puerta se abriera de nuevo. Esta vez, una enfermera entró, cargando un pequeño bulto en sus brazos. Lo cubría una manta gris claro, y dentro de ella, su hijo dormía.
La mujer se acercó después del gesto de James y se lo entregó. Cuando Katerina lo vio en sus brazos, el mundo pareció detenerse; su respiración se quebró en un sollozo que intentó disimular, pero fue inútil. Se inclinó lentamente, con las manos temblando, y apartó con cuidado la manta del rostro del niño.
Su corazón explotó.
Era pequeño y hermoso.
Su cabello era oscuro, negro como el de James, y sus ojos, cuando se abrieron lentamente, eran de un azul intenso, el mismo color que los de ella. Se quedó paralizada, sin poder apartar la vista.
Porque sencillamente ese pedacito de vida la había atrapado.
—Arthur… —susurró, acariciándole el suave cabello.
James la observó unos segundos más y hubo un destello en su rostro, un movimiento apenas perceptible en la comisura de sus labios, algo parecido a una sonrisa. Porque aunque lo negara, la escena de verla cargando a esa pequeña vida que ambos habían hecho, le atravesaba el corazón. Sin darse cuenta se acercó despacio, se inclinó y pasó la mano por la cabeza del bebé.
—Sí... —dijo, con un tono distinto, más bajo y casi humano—. Nuestro hijo es perfecto.
Katerina lo miró sorprendida y por un momento, ninguno de los dos pudo apartar la vista del otro. Ya no había frialdad en su voz, solo ternura, algo que la confundió y asustó más que todas sus amenazas.
James sonrió apenas, aunque sin dejar de ser él.
—Y si tengo que hacer tratos con el diablo para mantenerlo con vida, los haré.
Ella bajó la mirada de nuevo a su hijo.
—Gracias... por salvarme y... por permitir que naciera —Katerina lo meció suavemente por instinto y el bebé cerró sus ojitos lentamente—. Kate me dijo lo difícil que fue todo...
Él la miró fijo, sin responder. Dentro de él surgían emociones a las cuales no quería darles nombre y menos importancia. Así que enderezó la espalda, retomando su tono habitual.
—Bueno, tienes lo que pediste. Mañana firmamos.
Ella bajó la cabeza, acariciando una vez más el rostro de su hijo y, aunque no lo dijo, supo que estaba vendiendo su alma a cambio de poder tocarlo.
Y estaba bien con eso.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA
que pasa entre los capitulos 330 y 419?...
Poor translation...