C158-¿QUE VAS A HACER CON EL NIÑO?
Grayson caminaba de un lado al otro como una sombra armada de pura determinación. Tenía el teléfono en la mano, enviando órdenes rápidas a su personal privado de seguridad para que bloquearan carreteras y revisaran grabaciones. No iba a esperar a que la policía local se moviera a su ritmo lento.
Sin embargo, el jefe de policía lo interceptó.
—Señor Maxwell, en estos casos —empezó con un tono que ya sonaba a excusa—, se revisan todas las cámaras, se habla con testigos y se activa la alerta Amber. El problema es que este proceso toma tiempo y… bueno… su hijo ya lo hizo una vez, ¿no? Se alejó y regresó a casa horas después.
Grayson lo fulminó con la mirada, recordó el incidente de cuando fue a su empresa. Pero sentía que esto era diferente, alguien se había llevado a su hijo y el oficial de pacotilla solo daba excusas.
—¿Está insinuando que mi hijo no es importante?
—Estoy diciendo los hechos —replicó el jefe, encogiéndose de hombros.
El golpe fue directo, un puñetazo seco en la mandíbula que lo hizo tambalear. Dos agentes corrieron a sujetar a Grayson, pero él apenas se movió, tenía sus ojos fijos en el hombre.
—Eres un inútil. ¡Un imbécil! ¡¿Cómo carajos estás en un cargo tan importante?!
El jefe, con el labio partido, levantó una mano para que lo soltaran.
—No levantaré cargos por agresión… solo porque entiendo que está enojado.
—¡Váyase al diablo!
Grayson lo miró con frialdad, como si ya no existiera para él, y sacó su teléfono y marcó un número.
—Angelo. Necesito que me ayudes con tu tío —dijo en cuanto escuchó su voz—. Él tiene contactos en Londres y mi hijo ha sido secuestrado y no voy a esperar a que esta gente lo encuentre.
—Entendido —respondió su amigo sin dudar—. Mi tío va a mover sus conexiones ahora mismo. Te aviso en cuanto tenga algo.
Colgó y apenas dio un paso cuando una enfermera del hospital se le acercó corriendo.
—Señor, su esposa despertó.
Grayson no esperó más. Corrió a toda velocidad y entró a la habitación. Kate estaba recostada, pálida y con los ojos rojos e hinchados.
—¿Cómo estás, mi amor? —preguntó, acercándose y tomando su mano.
Ella lo miró fijamente, y la voz le salió quebrada, cargada de dolor.
—Quiero a mi hijo de regreso, Grayson… no me importa qué tengas que hacer, no me importa cómo… tráelo a casa.
Él sintió que esas palabras le atravesaban el pecho como un cuchillo, sin embargo, se inclinó, besó su frente y asintió, con una promesa silenciosa que no pensaba romper.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA
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