C167-GRAVE EN EL HOSPITAL.
El sonido de pasos firmes rompió el silencio tenso en la sala de espera. El médico que había atendido a Grayson apareció con el informe en mano, su expresión profesional pero menos rígida que antes.
—Está estable —anunció—. Presenta signos de hipotermia y contusiones por el impacto, pero no hay daños internos graves. Lo mantendremos en observación y con tratamiento de soporte.
Kate cerró los ojos sintiendo cómo el aire volvía a sus pulmones y Eleonora apretó su brazo con fuerza, como si ambas hubieran estado conteniendo la respiración.
—¿Cuándo puedo verlo? —preguntó Kate con urgencia.
—Aún no —respondió el médico con calma—. Necesita tiempo para recuperarse del shock y la hipotermia. Les avisaré en cuanto puedan pasar.
Kate asintió, aunque la impaciencia se le notaba en cada músculo.
—Está bien, Kate —la calmó Eleonora—. Solo hay que esperar un poco más.
En el otro hospital, el quirófano estaba sumido en un caos controlado. El monitor de Katerina emitía pitidos irregulares mientras el equipo médico trabajaba para extraer las balas.
—Listos para reanimar… ¡ya! —ordenó el cirujano, y las descargas eléctricas recorrieron su cuerpo.
El pitido continuo se cortó y volvió el ritmo cardíaco, débil pero constante, y un suspiro colectivo recorrió la sala.
—Está en coma —informó el médico encargado mientras suturaba—. Harán falta cuidados intensivos. Y… —miró al equipo— haremos todo lo médicamente posible para conservar el embarazo hasta que sea el momento.
Cuando terminó, se acercó a la camilla, observando el rostro pálido e inmóvil de Katerina.
—Llévenla a la mejor área médica del hospital. Quiero vigilancia constante y controles cada hora.
—Sí, doctor —respondieron los médicos auxiliares.
El hombre se bajó la mascarilla y se quitó los guantes, todo sin dejar de mirarla. No sabía por qué, pero desde que llegó a él, sintió una especie de déjà vu. Como si ya la hubiera visto antes.
—¿Han podido contactar a la familia? —preguntó una enfermera.
—No —respondió una de ellas—. No había nada en sus pertenencias. Fue encontrada por unos albañiles en un complejo industrial abandonado a las afueras de Londres.
El médico frunció el ceño, entrecerrando los ojos.
—¿Qué hacía allí? No parece una vagabunda… ni una mujer de la calle.
La enfermera sonrió, inclinándose un poco hacia él y rozándole la mejilla con las yemas de los dedos.
—Deja de preocuparte por todos los pacientes, cariño… no puedes salvar a todo el mundo. —Su tono bajó, insinuante—. ¿Nos vemos esta noche… en mi departamento?
Él la miró un instante, como si evaluara algo, y asintió.
—Sí, estaré allí.
Ella sonrió satisfecha y le guiñó un ojo.
—Usaré ese conjunto sexy que tanto te gusta.
Cuando la enfermera se alejó, el médico volvió la mirada hacia Katerina. Se permitió observarla con más detenimiento: las facciones finas, el cabello desordenado, la expresión tranquila que ocultaba la violencia que había sufrido.
—¿Quién eres… y qué hacías allí? —susurró, sin poder apartar la vista de ella.
Al día siguiente, el médico dio la orden para que Grayson pudiera recibir visitas y Kate no esperó un minuto más, dio un paso adentro, pero Oliver se soltó de su mano y corrió directo hacia la cama.
—¡Papá! —se aferró a su brazo con fuerza—. Pensé que… pensé que no ibas a volver.
Grayson levantó una mano temblorosa y le acarició el cabello.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA
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