C22-MEMORIA FÍSICA.
La modista bajó la mirada, incómoda, y Katerina sintió el calor subirle al rostro.
—No soy un trofeo —espetó sin gritar, y James dio un paso hacia ella, lento.
—No te confundas —la miró a los ojos—. Los trofeos son objetos. Tú… tú eres un recordatorio.
—¿De qué?
Él sonrió apenas, inclinándose hasta que su aliento le rozó la mejilla.
—De lo que pasa cuando alguien intenta jugar conmigo.
No hubo más palabras, y la modista fingió revisar un catálogo, mientras Katerina, con el corazón acelerado, apartó la mirada. James se enderezó, volvió a su postura fría, y se giró hacia la diseñadora.
—Traiga los tres que elegí —le dijo a la dependiente—. Quiero que mi futura esposa los modele para mí.
Katerina lo miró con rabia, pero él ignoró su expresión y le dio una sonrisa fría mientras la mujer salía de la sala y regresaba poco después con los vestidos colgados de sus brazos.
—Puede retirarse. Ella se cambiará sola.
Cuando la puerta se cerró, el espacio pareció encogerse, y Katerina, sin opciones, apretó los labios, respiró hondo y se metió al vestidor, no sin antes maldecirlo en su interior. Detrás de la cortina, el sonido del cierre, el roce de la tela y su respiración se mezclaban, mientras James esperaba, inmóvil, con la mandíbula tensa y los dedos aferrados al cuero del sillón.
Cuando salió, el vestido era largo, blanco, con tirantes finos y encaje que se ajustaba a su cuerpo. Katerina se detuvo frente a él, incómoda.
—Gira —ordenó James.
Ella lo miró, molesta, pero obedeció, así que dio media vuelta despacio.
—No me gusta —dijo él, sin dudar—. No dice nada. Pruébate el siguiente.
Ella apretó el ceño y dio un paso hacia el vestidor, con ganas de refugiarse entre las cuatro paredes, pero la voz de James la detuvo en seco.
—Hazlo aquí.
—¿Qué? —preguntó, incrédula.
Él se encogió de hombros.
—Vamos, no tengo todo el día.
Ella lo miró con rabia.
—Eres un imbécil. ¿Por qué tengo que cambiarme delante de ti? ¿Qué pretendes?
James observó su espalda desnuda, la línea esbelta que se curvaba suavemente hasta la cintura, y sus dedos, ansiosos por sentirla, la rozaron al subir el cierre. Fue deliberadamente lento, y vio el estremecimiento recorrerle el cuerpo.
—Tú puedes haberme olvidado —susurró antes de dejar un beso en su cuello—, pero cada vez que te toco, tiemblas, y esa reacción no se puede fingir, Katerina. Es pura memoria física.
Ella contuvo el aire, sintiendo cómo sus palabras, y su proximidad, la encendían, algo que deseaba a toda costa negar pero que, en ese instante, resultaba imposible de ignorar.
James se apartó un paso, y su tono volvió a la calma habitual.
—Ahora sí. Muéstrame qué tan convincente puedes parecer siendo mi esposa.
Ella parpadeó, sin entender.
—¿Qué...?
—Muéstrame si estás preparada para besarme esta noche —murmuró en su oído.
El corazón de Katerina dio un vuelco, y lo miró, encontrándose con esos ojos azules que brillaban detrás de los lentes. Su estómago giró como si miles de mariposas revolotearan en su interior, y antes de poder detenerlas, las palabras salieron solas.
—Oh, querido, no tienes idea de lo convincente que puedo ser —dijo.
Y lo besó.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA
que pasa entre los capitulos 330 y 419?...
Poor translation...