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CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA romance Capítulo 22

C22- DUALIDAD.

Ethan estaba cerca, demasiado tanto que los ojos de Grayson se entrecerraron, como si la sola visión le provocara un ardor en el pecho.

—Gray, ¿qué pasa? —preguntó Sienna, notando el cambio en él.

Pero el apenas giró el rostro.

—Nada. Vamos a nuestra mesa.

Ella lo siguió sin insistir. Pero antes de sentarse, Sienna también había visto a Kate, no dijo nada y fingió no haberla notado, aunque por dentro, sus pensamientos eran un cuchillo afilado.

«Así que aquí estás…»

Se acomodó frente a Grayson con una sonrisa dulce, mientras lo estudiaba. Él, en cambio, apenas podía apartar la vista de la otra mesa.

—La carta está interesante —dijo hojeando el menú—. ¿Qué te parece si pedimos foie gras? Es uno de tus favoritos, ¿no?

—Lo que quieras —murmuró Grayson sin mirar.

Ella levantó la vista, midiendo la tensión en su rostro.

—¿Estás bien?

—Perfectamente. ―dijo Grayson forzando una sonrisa seca.

Sienna siguió su mirada y soltó con alevosía.

—Oh, pero si es la abogada Langley y esta con ese hombre de ayer… definitivamente tienen una relación, Gray.

¿Relación?—siseó él, viendo exactamente cómo Ethan le rozaba la mano a Kate en ese instante.

Desde su mesa, Grayson observaba como un halcón contenido. No era estúpido. No necesitaba audio para saber que Ethan intentaba acercarse más de lo debido. Ni que Kate, aunque rígida, no lo detenía de inmediato.

Por dentro, algo le retumbaba con fuerza. Como si un volcán estuviera a punto de estallar.

Y Sienna, con la mirada baja, lo sabía.

Él estaba celoso. Celoso de ella.

[*]

Mientras tanto en la mesa, Ethan respiró hondo y su mirada bajó hacia el maletín de cuero junto a su silla. Lo colocó sobre la mesa y lo abrió con movimientos lentos, medidos.

—Bien —dijo con voz firme, pero sin dureza—. Hablemos del caso.

Kate sostuvo la mirada sin pestañear. Pero por dentro, su pecho ya estaba en guardia.

—Pero quiero que sepas algo antes de seguir —añadió él, sacando una carpeta—. No voy a rendirme, Kate. Ni con el caso… ni contigo.

Colocó la carpeta en medio de los dos y la giró, luego la abrió.

Kate bajó la mirada.

Y en el instante en que vio la primera imagen, sintió que el suelo bajo sus pies se volvía inestable.

Grayson y Sienna, caminaban por una calle empedrada en Florencia. Él con el abrigo sobre sus hombros, y ella envuelta en su chaqueta. Él sonriendo, bajando la cabeza para mirarla como si no existiera nadie más que ella.

La segunda foto era peor.

Ambos en un balcón. Sienna se acurrucaba en su pecho, mientras Grayson la sostenía por la cintura, le besaba la frente y su mano le apartaba el cabello con una ternura que ella nunca le habia visto.

Y luego… una habitación de hotel. Ella sentada en su regazo y el con la camisa desabotonada, mirándola como si fuera suya.

El estómago de Kate se contrajo, tragó saliva, pero el nudo no bajó.

Ethan la observaba.

—Como ves, Grayson Maxwell es el amante de mi cliente —dijo, en tono profesional—. Y según las pruebas, lo ha sido durante años. Incluso antes de que Sienna se casara con Julián. Es una relación continua e íntima.

Como abogada, sabía lo que implicaba.

Como mujer… le estaba costando todo.

Se limpió las mejillas temblorosa, bajó el espejo del parasol y se miró.

Tenía los ojos rojos y la mirada de alguien que ya no puede fingir que todo está bajo control.

—Basta —murmuró—. Ya.

Se obligó a respirar. A calmarse. A volver a armarse pedazo por pedazo.

—Has sido fuerte antes… y lo serás ahora —dijo, observándose con rabia—. No por él. Ni por nadie. Ni siquiera ti. Lo harás por Oliver.

Subió el espejo, encendió el motor y salió de ahí con el rostro frío y el alma hecha trizas.

El edificio de su firma la recibió con la frialdad habitual y ella subió directo a su piso sin detenerse. Pero al llegar a su oficina, algo la hizo frenar en seco.

Sienna estaba allí.

Sola y sentada en una de las sillas frente a su escritorio. El rostro de Kate se endureció todavía más, entro y cerró la puerta tras de sí con fuerza.

—Señora Rowe —dijo, sin rastro de cortesía—. No recuerdo haberla citado para tratar su caso.

Sienna alzó la mirada, despacio, como una gata aburrida que ha encontrado algo interesante por fin. Chasqueó la lengua, cruzó las piernas y sonrió de medio lado.

—No estoy aquí por eso, querida —dijo, con la arrogancia brotándole por los poros—. No vine a hablar de divorcios.

Apoyó un codo en el apoyabrazos y entrecerró los ojos.

—Vine a hablar de Grayson.

El corazón de Kate dio un vuelco, pero su expresión no se movió ni un milímetro. Se acercó al escritorio, dejó su bolso con delicadeza… y la enfrentó, de pie, imperturbable.

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