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CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA romance Capítulo 25

C25-ALGO LLAMADO DESEO.

Mientras el juez leía los votos, Katerina intentaba respirar con calma, pero su pecho subía y bajaba rápido. Todo a su alrededor se sentía borroso: los invitados, el murmullo, el eco del violín.

Ella solo podía oír el latido en sus oídos.

En cuanto a James, él estaba a su lado, impecable, inmóvil, con esa frialdad que lo hacía parecer de mármol.

—¿Katerina Langley acepta usted a James Stanton como su legítimo esposo...?

El silencio fue inmediato y todos esperaban su respuesta.

Katerina tragó saliva, su voz no salía, incluso sus labios se abrieron, pero nada, entonces sintió su mano.

La de él.

Pesada, firme, presionando la suya sobre la mesa y la apretó con una fuerza que dolía, como si le recordara por qué estaban ahí. Él no giró la cabeza, pero sus labios se movieron apenas.

—Arthur —susurró.

Fue una sola palabra, pero suficiente. Katerina cerró los ojos y exhaló un "Sí, acepto" que sonó como un pacto con el infierno.

Cuando llegó el turno de los anillos, James tomó el suyo y se lo colocó con precisión quirúrgica. La alianza se sentía fría, pesada, casi simbólica de la vida que ella acababa de aceptar y ella con manos temblorosas, deslizó la de él. Sus dedos rozaron los suyos, y por un instante, la piel de James no se sintió tan fría.

Era cálida, viva. Casi humana.

Entonces el juez sonrió con formalidad.

—Los declaro marido y mujer.

Katerina levantó la vista y James la observaba, sin decir nada, y por un momento pensó que tal vez no lo haría. Pero él se inclinó, muy despacio, y depositó un beso en su frente, un gesto en su opinión calculado, para marcar territorio.

Los flashes de las cámaras y los murmullos rompieron el silencio y los invitados comenzaron a aplaudir, y alguien gritó

"¡El beso!".

"Sí, el beso"

No hizo falta girarse para saber que se trataba de Emma.

Katerina lo miró con nerviosismo.

—No lo hagas —murmuró entre dientes, apenas moviendo los labios.

Pero James sonrió y le acunó el rostro.

—Ya es tarde —susurró—. Tenemos que darles un buen espectáculo.

Y antes de que ella pudiera responder, la besó.

Pero contrario a lo que Katerina esperaba no fue un beso frío. Fue intenso, lento e inesperadamente profundo. Sin pudor la mano de James subió hasta su cuello, atrayéndola con suavidad hacia él y el público estalló en aplausos.

Katerina no respondió y caminó despacio hasta la ventana, buscando aire.

—No sabía que planeabas celebrar también aquí...

—No celebro —replicó él, sirviendo las copas—. Solo marco los comienzos.

Le tendió una y ella la tomó con cuidado y James alzó la suya, sin dejar de mirarla.

—Por nosotros —dijo, y su voz sonó más baja—. Por esta farsa, por Arthur, y por lo que venga.

Katerina lo miró unos segundos antes de levantar la copa.

—Por eso —repitió, y las copas chocaron con un leve sonido que pareció cortar el silencio.

Ella bebió un sorbo, pero él vació la suya. Luego se acercó, tomó la copa de su mano y la dejó junto a la suya sobre la mesa.

Y el aire se volvió denso.

James no apartó la mirada, solo la observaba despacio, como si estuviera memorizando cada detalle de ella. Y Katerina pudo ver el deseo en sus ojos y eso la aterró y emocionó a partes iguales. Entonces él dio un paso hacia ella y, sin pedir permiso, le sostuvo la cara entre las manos.

—Te juro que intenté no hacerlo —confesó, aliento rozándola—. Pero no puedo, no cuando estás así.

Su tono no era dulce. Al contrario era oscuro, contenido, cargado de una tensión que la desarmó por completo y Katerina apenas tuvo tiempo de respirar antes de que él la besara y la guiara a la cama.

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