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CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA romance Capítulo 32

C32-SER UN BUEN PADRE PARA OLIVER.

Había pasado una semana desde el incidente con Oliver, y Kate lo dejó atrás como si lo hubiera arrancado de raíz. No tenía tiempo para dramas personales, así que volvió a enfocarse de lleno en el caso de Sienna. Esa mañana, estaba sentada detras de su escritorio, con una taza de café frío a un lado y los ojos fijos en el documento de matrimonio entre Julian y Sienna.

Había leído ese contrato mil veces, pero algo no cuadraba. Volvió a revisar los anexos y finalmente lo encontró: un párrafo escondido entre letras pequeñas, casi invisibles.

Se inclinó hacia adelante, el corazón dándole un vuelco.

"En caso de que una de las partes incurra en una relación extraconyugal, y se compruebe mediante pruebas fehacientes, deberá pagar a la parte afectada la suma de..."

—No me jodas... —murmuró, y volvió a leerlo.

Cien mil dólares. Nada de eso estaba en el contrato que Julián había enviado a los abogados. Se echó hacia atrás, soltando un bufido.

—Imbécil.

Todo tenía sentido ahora. Por eso Julián no quería negociar, no quería que se hablara de infidelidad, estaba protegiendo su billetera, no su dignidad. Kate pensó rápidamente y si no podía entrar por la puerta principal, entraría por la de servicio.

—Los empleados —murmuró.

Tomó su teléfono y empezó a hacer llamadas. Asistentes, personal de limpieza, chóferes. Todos los que alguna vez trabajaron con la familia del político.

—Hola, soy la abogada Kate Langley, ¿usted...?

—No, no quiero problemas, lo siento.

—Pero solo necesito que me diga si vio algo entre Ju...

Click.

Hizo otra llamada y fue otro rechazo. Todos parecían asustados. Una mujer incluso colgó apenas escuchó el nombre "Julian".

Kate colgó la última llamada con rabia contenida.

—Maldita sea —murmuró, dejando el teléfono sobre la mesa con un golpe seco. Se quedó un momento mirando la pantalla. Tenía un último número. Una chica que había sido la secretaria de Julián durante unos meses. Lo pensó dos segundos y marcó.

—¿Hola? —contestó una voz tímida.

—Hola, ¿Valeria? Soy Kate, la abogada de Sienna Rowe. Necesito hablar contigo.

Hubo un silencio largo y luego una respuesta.

—No, no quiero hablar de eso. Por favor, no me llames más.

Kate respiró hondo.

—Mira, sé que estás asustada. Pero esto no se trata solo de un divorcio, ¿de acuerdo? Se trata de la verdad. Tú trabajaste allí. Sabes lo que pasaba, no te estoy pidiendo que mientas, solo que me digas lo que viste.

Valeria dudó. Se notaba en su silencio.

—Yo... vi cosas, sí. Pero no quiero meterme en problemas. Él tiene amigos por todas partes.

—Yo puedo protegerte legalmente. No te pasará nada. Y si tienes pruebas, pueden marcar la diferencia. Solo te estoy pidiendo que hagas lo correcto.

La chica suspiró del otro lado.

Pero entonces, la voz de Oliver resonó en su cabeza.

“Mamá, ¿puede ser tu novio?”

La pregunta había sido tan inocente, tan directa, que en su momento la había ignorado con una sonrisa. Pero ahora…

Recordó también las palabras de Aisling, como una canción que se repetía desde que Oliver comenzó a preguntar por su padre.

“Ese niño necesita una figura paterna. Alguien que lo cuide contigo, no solo tú.”

Y ahí estaba Ethan. Responsable, paciente, amable con Oliver desde el primer día. No era el amor de su vida, pero... ¿y si eso no importaba?

Oliver merecía tener a alguien. Un hombre de verdad, y aunque una voz interna le gritaba que estaba actuando bajo presión, otra le susurraba que podría funcionar.

Y entonces, sin filtro, sin pensarlo demasiado, Kate lo pensó:

“Ethan podría ser un buen padre para Oliver... Grayson nunca lo sería.”

Ni siquiera intentó detener ese pensamiento, no dudó y aunque le ardió un poco en el pecho, no se retractó.

—Está bien —respondió finalmente—. Pero solo una cena.

—Solo una cena —repitió Ethan, satisfecho—. Paso por ti a las ocho.

—Perfecto —dijo ella, aunque no sabía si hablaba del horario o de su decisión.

Colgó y se quedó mirando la pantalla un rato, pensativa. Luego, sin decir nada más, volvió a tomar otro sorbo de su café. Esta vez no supo si le supo amargo… o dulce.

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