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CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA romance Capítulo 34

C34- LO SIENTO, ETHAN.

Grayson no se movió.

Ella estaba allí, a unos metros, como si formara parte de una película que no era la suya. Ethan tenía una mano cerca de su espalda, y Kate aún no se había alejado del todo. Apretó los puños y las uñas casi se le clavaban en la palma.

—Señor Maxwell, ¿se encuentra bien?

Alan era su abogado y habían quedado allí para hablar sobre la demanda que estaba en su contra. Pero Grayson no quería hablar, ni moverse, ni respirar.

—Sí —dijo, seco—. Todo bien.

Alan asintió y miró hacia donde estaban ellos, y sonrió un poco.

—Ah linda pareja, ¿no? —comentó—. Muy románticos.

Grayson alzó una ceja y su mirada casi podría congelar el infierno, luego volvió a mirar a Kate. Ella no lo había visto. Pero Ethan sí. Y le sostuvo la mirada, como diciendo: “Ya no es tuya”.

Grayson sintió el impulso de cruzar la distancia, agarrarlo por el cuello de la camisa y borrarle esa media sonrisa de un puñetazo. Ver a ese imbécil tan cerca de Kate, tan cómodo, tan confiado, le revolvía el estómago.

Le ardían los puños por contenerse, y aún así, no dio un solo paso. Se obligó a quedarse quieto, apretando la mandíbula mientras su mirada no se despegaba de ella.

Porque no podía, no ahora.

Tenía que atender el problema de la empresa.

La demanda en su contra no solo amenazaba con manchar su reputación: si no la manejaba con cuidado, podría costarle el negocio que había levantado con años de esfuerzo… y algo peor. Si las cosas se torcían, podría terminar en la cárcel.

Y aun así, con todo eso encima, lo único que quería en ese momento era apartarla de allí.

Alejarla de Ethan y de cualquiera que no fuera él.

Mientras tanto, el auto se detuvo frente al edificio de Aisling y dentro del vehículo, todo era quietud. El sabor del beso aún permanecía, pero no el calor, ni la emoción. Y menos aún el latido acelerado que una mujer siente cuando algo real acaba de ocurrir.

Kate se sentía... vacía.

Había cerrado los ojos esperando algo. Un clic. Un “sí, esto podría funcionar”. Pero no llegó. Lo que sintió fue el peso de la mentira, el miedo de utilizar a alguien solo para llenar un vacío. Y eso, simplemente, no iba con ella.

—Kate...

Kate negó, sin dudarlo.

—No, no es por él —dijo. Hizo una pausa, buscando las palabras justas—. Es por mí. Porque si voy a estar con alguien, no quiero que sea para llenar un espacio. No quiero usar a nadie para sentirme menos sola. Yo... quiero estar bien conmigo misma antes de volver a enamorarme.

Ethan la miraba, incrédulo.

—¿Entonces ya no crees en el amor?

—Claro que creo. Pero no debo depender de nadie para saber quién soy. Ni necesito a un hombre para sentirme completa, Ethan. Y tú tampoco mereces ser el plan de emergencia de nadie.

El silencio volvió, esta vez más pesado. Ethan bajó la mirada, tenso. No dijo nada, porque no tenía nada más que pudiera decir sin humillarse.

Kate abrió la puerta del auto, pero antes de salir, se giró hacia él una última vez.

—Gracias por esta noche. Por hacerme reír. Por recordarme quién era. Pero no puedo ser lo que tú quieres. Lo siento, Ethan.

Y con eso, salió.

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