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CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA romance Capítulo 42

C42-VEN A LA MANSIÓN.

Después del fallo, Kate salió del juzgado, subió al coche, encendió el motor y condujo directamente a la mansión.

No era tan tarde, pero el día se le había hecho eterno y cuando por fin cruzó la puerta de su casa, necesitó de una voz que la calmara. Una pequeña, inocente y hermosa voz. Marcó el número con dedos temblorosos. Y apenas escuchó el “¿Hola?” al otro lado, su corazón pareció detenerse un segundo.

—Hola, mi amor… ¿cómo estás?

—¡Mamá! —Oliver gritó con emoción—. ¡Ganamos! ¡Metí un gol y el profe dijo que fue el mejor del partido! ¡Me abrazaron todos!

Kate cerró los ojos, sonriendo de verdad por primera vez en todo el día.

—Mi campeón… sabía que lo lograrías. Eres increíble, estoy tan orgullosa de ti.

—¿De verdad? —preguntó él con una voz bajita, casi tímida.

—Claro que sí. Eres mi niño valiente, fuerte y mi mejor regalo del mundo.

Oliver soltó una risa, y a Kate se le apretó la garganta. Porque por dentro, la ansiedad la devoraba y por fuera, seguía fingiendo que todo estaba bien.

—¿Quieres hablar con la tia Aisling? Está haciendo una tarta rara... con frutas. ¡Y no me deja probarla!

—Sí, cielo. Pásamela, ¿sí? Te amo mucho.

—¡Yo también, mamá!

Hubo unos segundos de ruido, pasos, un “¡Aisling, es mamá!” y luego la voz de su mejor amiga se escuchó en la línea.

—¿Kate?

—Gané el caso —dijo ella, sin preámbulos.

Del otro lado hubo un breve silencio, luego, un grito:

—¡No puede ser! ¡Por fin, Kate!

—Sí —respondió ella en voz baja, con una sonrisa débil—. Por fin…

—Dios, hay que celebrarlo. Tú espera que regresemos. ¡Van a ser las fiestas patronales! ¡Como mínimo te emborracho con zumo de granada o algo!

Kate soltó una risita, pero enseguida la cortó.

—De eso quería hablarte —dijo en un tono más serio—. No puedes regresar todavía.

El silencio cayó como un jarro de agua fría.

—¿Por qué? ¿Qué pasa?

Kate tragó saliva, respiró hondo y luego lo soltó todo de golpe:

Después de colgar con Aisling, Kate no se permitió un segundo de descanso. Sabía lo que tenía que hacer. Asi que subió al despacho, se sentó frente al escritorio y abrió la carpeta con los documentos de su propio divorcio. Todo estaba allí, su nombre, su firma, las cláusulas.

Solo faltaba una firma más: la de él.

Mientras revisaba cada hoja, su pecho dolía. Pero no era tristeza, sino miedo. Miedo de no conseguirlo, miedo de que Grayson no lo firmara y se enterara de Oliver.

—Vamos —murmuró para sí misma, tomando aire—. Es solo un paso más. Solo uno, no flaquees.

Revisó el último párrafo, ajustó un par de detalles, y luego, con el corazón latiendo como loco, tomó el teléfono y marcó.

—¿Hola?

La voz grave y magnética de Grayson llenó el auricular. Tenía ese maldito tono bajo y seguro, que se le metía a Kate bajo la piel.

—Necesito verte esta noche —dijo ella sin rodeos.

Del otro lado, Grayson se quedó en silencio unos segundos. En su oficina, la pluma que tenía en la mano crujió cuando sus dedos la apretaron; ya sabía de qué se trataba. Sienna lo había llamado apenas salió del juzgado. Desde ese momento, el nudo en su estómago no lo dejaba respirar.

—¿Dónde?

—Ven a la mansión —respondió Kate y colgó.

El pitido del teléfono quedó rebotando en los oídos de Grayson, como un eco molesto que no terminaba. Se quedó quieto, mirando a la nada. Estaba a punto de perderla y no sabía si estaría listo para ello.

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