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CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA romance Capítulo 6

C6-ME GUSTAN TUS OJOS.

El hombre del hotel, sobornado por Santiago, le había entregado la llave maestra con una mirada de complicidad y ahora Katerina deslizaba la tarjeta en la ranura con una mano que apenas podía controlar; el clic de la cerradura sonó como un disparo en el silencio del pasillo.

La puerta cedió hacia una suite de lujo sumida en una penumbra inquietante, la habitación era un caos controlado: una chaqueta costosa tirada sobre un sillón, zapatos italianos abandonados en medio de la alfombra, una botella de whisky medio vacía en la mesita de noche junto a un vaso solitario.

Ella se quedó inmóvil en el umbral, conteniendo la respiración.

Entonces lo oyó: el sonido constante y rítmico del agua cayendo en la ducha, cuya puerta de vidrio estaba entreabierta, dejando escapar el vapor y por encima de ese ruido, una voz masculina, borracha y quebrada, murmuraba cosas inconexas contra la pared de la ducha.

¿Habla con alguien? ¿Está solo?

Cada vez que el sonido del agua cambiaba o la voz se elevaba un tono, Katerina se congelaba un poco más, lista para salir huyendo. Pero el pensamiento cruzó su mente: «Y si hablo con él, si le cuento la verdad... quizás me ayude. Es médico, ¿no?»

Pero inmediatamente se echó para atrás, aplastada por la realidad.

«No. Es uno de ellos. Debe ser igual que Santiago, que Leo... o peor. Un monstruo con mejor traje.»

Y ahora se sentía atrapada entre la espada y la pared, con el fantasma de Santiago vigilándola desde la calle y el peligro desconocido encerrado en ese baño.

De repente, la figura tras el vidrio empañado de la ducha se movió y una silueta alta y difusa giró la cabeza lentamente. Dos puntos borrosos se fijaron en ella a través del cristal y la voz de James, ahora más clara pero cargada de confusión y alcohol, cortó la atmósfera densa.

—¿Quién eres? —preguntó, apoyando una mano grande en el vidrio, que dejó marcada una huella en el vapor.

Katerina se congeló, paralizada por el miedo.

Y entonces, como una traidora, la droga que Santiago le había inyectado comenzó a hacer su efecto con más fuerza; una oleada de calor se extendió por su vientre, acompañada de un cosquilleo incómodo y ajeno que la excitaba contra su voluntad.

—¿Te- te pregunté quién eres?

Todo su entrenamiento para encantar chocaba contra un muro de puro pánico, sin embargo reunió fuerzas y con una voz que intentó ser seductora pero que traicionó un leve temblor, respondió inventando sobre la marcha:

—Soy Fany. Tu padre... me envió. Pensó que necesitabas compañía.

Se aferró a ese nombre y James la observó, su mente nebulosa procesando la información con lentitud. El alcohol, su aliado involuntario, nubló su desconfianza natural y asintió con la cabeza, con un gesto torpe.

—Mi padre... siempre pensando en mí —masculló, dando media vuelta para cerrar el agua.

El peligro inmediato de ser descubierta pareció pasar, pero la tensión en el aire se transformó en algo más personal y agobiante, porque un momento después, James salió del baño envuelto solo en una toalla baja que se aferraba a sus caderas.

Su cuerpo era esculpido y masculino, y en su pecho, serpenteando hasta el hombro, había un intrincado tatuaje de espadas y rosas negras que destacaba contra su piel húmeda. Estaba vulnerable y desorientado, pero su presencia física aún dominaba la habitación por completo.

Se detuvo delante de ella y su mirada, ahora más despejada, recorrió a Katerina de arriba abajo, deteniéndose en cada detalle: el vestido negro corto que se adhería a sus curvas, sus pechos redondos, el cabello rubio dorado como un halo en la penumbra, sus labios carnosos y esos ojos azules intensos, tan llenos de una tormenta interna que no podía comprender.

—Me gustan tus ojos —musitó, su voz más grave ahora, sin el arrastre del alcohol.

El cuerpo de Katerina reaccionó a sus palabras y un escalofrío le recorrió la espina dorsal, haciéndola apretar los muslos instintivamente, sintiendo una pulsación húmeda y cálida entre sus piernas, una respuesta traicionera de la droga que se mezclaba con su miedo.

Se sentía completamente expuesta, temblando por dentro. Y en ese momento podría empujarlo y huir, pero no tenía otra opción. Además, ese calor en su vientre ahora era intenso, salvaje y exigía una liberación.

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