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CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA romance Capítulo 87

C87-TAREA DE MATEMÁTICA.

La habitación de hospital tenía un silencio tenso pero expectante. Oliver se cruzó de brazos, con una ceja alzada y una libreta en el regazo. Tenía esa mirada calculadora que no encajaba del todo con su pijama de dinosaurios ni con los peluches amontonados a un lado. Grayson lo miraba como si estuviera frente a un jurado implacable.

—Muy bien, hoy es tu primera prueba —dijo el chiquillo, con tono solemne—. Si quieres ser mi padre, tienes que ayudarme con mi tarea de matemáticas.

Grayson parpadeó, confundido. En realidad, esperaba algo más emocional, quizá un abrazo o una pregunta difícil. Pero no… su hijo sacó un lápiz, abrió su cuaderno con movimientos teatrales y se lo puso en las manos como si estuviera firmando un contrato.

—¿Matemáticas? —repitió Grayson, tomándolo con cuidado.

—Ajá. Mamá las odia, dice que le dan urticaria —murmuró Oliver divertido—. Así que si sobrevives esto, quizás tengas potencial.

Grayson miró la hoja. Eran fracciones, división de decimales, problemas con porcentajes. Nada que no pudiera resolver con los ojos cerrados en una reunión de directorio, pero por primera vez en su vida, los números lo intimidaban. No por lo que eran, sino por quién lo estaba evaluando.

No obstante, se sentó al borde de la cama, estiró el cuello de su camisa y respiró hondo.

—Está bien, vamos a hacerlo.

Oliver lo miró fijamente, esperando. Pero en ese momento, Kate apareció en la puerta y al verlos no dijo nada. En cambio, se apoyó en el marco, escondida a medias, con una sonrisa que no podía controlar. Porque ver a Grayson, el hombre más inquebrantable que conocía, sudando por una tarea de primaria, era impagable.

Pero lo que, no esperaba era que al verlo con esa mirada concentrada, tan fuera de su zona de confort y aún así tan decidido a ganarse a su hijo, esto hizo que el corazón le diera un vuelco.

Y cuando él levantó la mirada y la vio, algo en su pecho se agitó.

—A ver, Oliver… imagina que eres Iron Man —empezó Grayson, girando el cuaderno para que ambos lo vieran—. Y que necesitas dividir tu energía entre tres enemigos. Cada enemigo representa un tercio, ¿lo ves?

—¿Usaste a Iron Man para enseñarme fracciones? —dijo el niño, medio escéptico.

—Sí. Y si Thor llega y se lleva el 50%, ya no quedan enemigos, solo una pelea entre hermanos —añadió Grayson con una sonrisa.

Oliver soltó una risa nasal, intentando no rendirse tan rápido.

—Hmm… sigue.

Durante los siguientes quince minutos, Grayson explicó como nunca antes. Cambió soldados por decimales, supervillanos por porcentajes y convirtió una tabla de multiplicar en una batalla épica. Oliver, al principio se mostro reservado, pero terminó riéndose más de una vez. Incluso corrigió una cuenta sin hacer burla, cosa que no solía hacer.

Grayson lo miraba, completamente entregado. El sonido de la risa de su hijo —su hijo— le llenaba un espacio en el pecho que ni siquiera sabía que estaba vacío. Era una sensación cálida y poderosa, como si cada carcajada de Oliver colocara una pieza perdida de su vida en su lugar. Y cuando levantaba la vista y veía a Kate sonriendo en la puerta, su mundo entero cobraba sentido.

Cuando acabaron, Oliver tomó el lápiz, hizo los ejercicios finales sin ayuda y luego cerró el cuaderno como si firmara el veredicto.

—No estuvo mal para ser tu primera vez —murmuró, sin mirarlo directamente.

Grayson sonrió, no necesitaba más. Esa pequeña aceptación lo llenó más que cualquier logro profesional en su vida. Pero entonces Oliver giró hacia él, con los ojos brillando de picardía.

—Ahora tienes que hacer reír a mamá.

Grayson se congeló y Kate, desde la puerta, abrió los ojos sorprendida.

—¿Qué?

—Es la segunda prueba —dijo el chiquillo—. Si no puedes hacerla reír, nunca vas a conquistarla.

Kate se llevó la mano a la boca, tratando de contener una carcajada. Pero no solo por la ocurrencia de su hijo, sino por ver a Grayson ponerse en modo de reto, con ese brillo en los ojos que le provocaba una mezcla de nervios y emoción que no había sentido en años. Y cuando él la miró, directo, como si no existiera nadie más en la sala, su corazon se aceleró, su cuerpo la traicionara solo con tenerlo tan cerca.

Grayson se llevó una mano a la frente y arqueó una ceja para su hijo.

—Estás jugando muy sucio, enano.

—Soy tu hijo, ¿qué esperabas? —replico el niño.

Grayson se quedó unos segundos en silencio, como si estuviera sopesando sus opciones, avanzó un paso hacia Kate y se detuvo lo suficientemente cerca como para verla tragar.

—¡Mamá está roja! —exclamó el nino señalandola —¡Parece un tomate con pestañas!

—¡Oliver! —exclamó Kate, tapándose la cara con la mano mientras reía—. ¡Eres un traidor!

—Solo observo y reporto, mami.

Grayson soltó una carcajada y se volvió hacia Kate, bajando la voz lo justo para que Oliver no escuchara.

—Deberías reír más seguido… te juro que me dejas sin aliento cuando lo haces.

Ella desvió la mirada otra vez, incómoda pero divertida, con el rostro aún encendido, pero por dentro, una parte de ella, pequeña y peligrosa, deseaba que él no se detuviera.

Mientras tanto, Oliver los miraba sonriendo como si estuviera viendo una película que quisiera que nunca terminara. En su corazón de niño, no entendía de reconciliaciones ni de pasados rotos, solo sabía que mamá estaba contenta, y que papá estaba allí.

Y eso, para él, lo era todo.

En ese momento, la puerta se abrió con un suave golpecito y el médico entró, con una carpeta bajo el brazo y una expresión entre profesional y desconcertada al ver la escena.

—¿Interrumpo?

Grayson se aclaró la garganta y se enderezó. Kate tosió y se arregló el cabello con rapidez y Oliver levantó la mano desde la cama.

—¡Puede pasar, doctor! Solo estábamos entrenando a mi nuevo papá, para que sea digno de mamá. Va bien, aunque todavía le falta un poco, pero lo está intentando.

El doctor sonrió, divertido, y se acercó a la cama.

—Bueno, me alegro de ver que el ánimo está alto. Es buena señal. Pero ahora vamos a hablar un poco de la operación, ¿sí?

Kate se volvió hacia Grayson, que ya estaba junto a Oliver, y por primera vez en mucho tiempo, su expresión era serena. Como si por fin, después de tanta oscuridad, una pequeña luz hubiera comenzado a colarse en su vida. Y aunque todavía no sabía si confiar del todo, tampoco podía dejar de mirar esa sonrisa.

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