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CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA romance Capítulo 88

C88-UN BUEN ENFERMERO.

El médico se sentó junto a la cama de Oliver, revisando los últimos resultados con atención.

—La cirugía se programará para dentro de cinco días. Pero antes de eso, Oliver recibirá una medicación intensiva para preparar su cuerpo. Serán días duros, especialmente las primeras 48 horas.

Kate asintió, pero la presión en el pecho crecía; aun así, se obligó a mantenerse entera.

—¿Qué tipo de medicación? —preguntó Grayson, más serio de lo habitual.

—Quimioterapia de alto impacto —respondió el médico—. El objetivo es eliminar la médula dañada antes del trasplante. Una vez completado ese proceso, extraeremos la médula del donante —lo miró directamente—. En su caso, señor Maxwell, haremos una punción de cadera bajo anestesia general. El procedimiento es seguro, y más aún con un donante sano y joven.

—¿Y las probabilidades? —Kate apenas logró formular la pregunta.

—Con un donante compatible directo como el padre, las posibilidades son altas. Pero no existe el cien por ciento. Hay riesgos… infecciones, rechazo, fatiga severa. Aun así, es su mejor opción.

Kate bajó la mirada y se obligó a tragar.

—Gracias, doctor —murmuró.

Cuando el médico se retiró, Kate fue directo a la cama de su hijo. Se sentó a su lado, lo abrazó con cuidado, y se le apretó el alma al verlo tan pequeño en medio de esas sábanas blancas.

Oliver apoyó la mejilla en su hombro.

—Voy a ser valiente, mami. Lo prometo. Y cuando me haya curado, voy a jugar al fútbol y meteré un gol y va a ser para ti.

Kate cerró los ojos. Su corazón no soportaba tanto amor comprimido en un cuerpo tan frágil.

—No sé si podré soportarte de delantero —bromeó ella, con la voz rota.

—Entonces te haré portera —murmuró él, sonriendo antes de quedarse dormido.

Pronto la habitación quedó en silencio y Kate acarició su cabello unos segundos más y luego se levantó. Caminó despacio hasta la puerta y salió, intentando respirar con normalidad. Necesitaba un café, solo uno.

Cuando regresó con el vaso entre las manos, no vio a Grayson al principio. Él estaba a un lado del pasillo, terminando una llamada y en ese preciso instante, ella tropezó con un desnivel en el suelo.

El café se derramó sobre su blusa.

—¡Ah! —jadeó, sintiendo la quemadura en la piel—. Mierd4... lo siento… lo siento tanto…

Grayson se giró de inmediato y al ver el líquido caliente empapando la tela y la expresión de dolor en su rostro, no dudó.

—Te hiciste una quemadura. Ven.

—No, pero… no es necesario…

—Vamos, Kate —dijo sin darle opción.

En un segundo la tomó de la mano y la llevó directo al baño de la habitación. Abrió el grifo del lavamanos y puso su mano bajo el agua fría con suavidad.

—No quiero que se irrite. Déjala ahí unos minutos.

Ella bajó la mirada y el agua corría mientras él se acercaba para revisar la zona.

—Parece que eres terrible para coordinar pies y manos —dijo con una sonrisa ladeada.

—Y tú… muy dramático —murmuró, aunque no pudo evitar sonreír.

El baño era pequeño y la cercanía los envolvió.

—No tienes idea de lo hermosa que te ves, incluso así, empapada de café y con los nervios de punta —susurró, acariciándole suavemente el cabello detrás de la oreja—. Te juro que si pudiera detener el mundo solo para mirarte… lo haría.

Kate sintió que el aire se le atascaba en los pulmones.

—Grayson…

Y Kate ya no podía negarlo.

Lo quería.

Estaba atrapada en el momento, hasta que la puerta del baño se abrió de golpe.

—¡Ay, madre mía del amor hermoso! —Aisling se quedó congelada—. ¡Voy a necesitar terapia y cloro para los ojos!

Kate, como reflejo condicionado, empujó a Grayson con tanta fuerza que él tropezó y se estrelló contra el lavabo.

—¡Auch! —se quejó, sobándose el costado—. Eso fue agresión.

Kate se subió la blusa como pudo, casi arrancándose los botones en el intento.

—¡¿Por qué no cerraste la maldita puerta con seguro?!

Grayson la miró con expresión inocente, aunque claramente estaba disfrutando cada segundo.

—Perdona, pero es que eres un delicioso postre, no podía esperar.

Ella abrió la boca como si fuera a soltar un sermón, pero solo le salió un sonido frustrado, mezcla de indignación y deseo homicida. Aisling, que seguía en la puerta con la mano en la frente como si eso pudiera borrar lo que acababa de ver, giró lentamente.

—Kate… no te preocupes.

—Aisling… juro que esto no es lo que parece —balbuceó, deseando que la tierra se la tragara.

—¿Ah no? Porque yo iba bastante bien. Grayson y tú estaban jugando al enfermero y paciente, y él te estaba revisando la garganta con la lengua. Y si no hubiera interrumpido, te habría puesto una inyección… sin anestesia.

Kate abrió la boca, pero no dijo nada; su cara era un tomate. Y Grayson, aún dentro del baño, gritó con descaro y lleno de risa:

—¡Te faltó decir que soy un muy buen enfermero!

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