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CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA romance Capítulo 89

C89-HASTA LA ULTIMA CÉLULA.

Después del incómodo —aunque no del todo desagradable— momento en el baño, Grayson se disculpó con una media sonrisa y se fue al apartamento a cambiarse de ropa. Esa noche se quedaría con ellos en el hospital. Oliver recibiría la primera dosis de su medicación intensiva, y aunque Kate intentaba mantenerse entera, por dentro sentía que algo le oprimía el pecho.

El niño, ajeno al torbellino emocional de los adultos, jugaba concentrado con su consola portátil y cada tanto lanzaba un gritito de victoria cuando vencía a sus enemigos digitales.

Kate, mientras tanto, trataba —sin éxito— de ignorar la mirada cargada de diversión que Aisling le lanzaba desde el sofá plegable.

—Ya... deja de mirarme así —murmuró, apretando los labios.

—¿Qué pasa? ¿Después de matar al tigre le tienes miedo al cuero? Por Dios, amiga, yo te vi muy a gusto. No parecías que estuvieras "pidiendo auxilio".

La cara de Kate se puso roja como el vino e intentó hablar, pero solo le salió un resoplido.

—No sé por qué Grayson dejó la puerta abierta. ¡Imagínate si hubiera entrado el médico! O peor, una enfermera. ¡Nos sacarían en T!kT0k con el título "Hospital general: versión porno!

Aisling se dobló de risa.

—¿Y qué? Igual ya andaban haciendo el prechequeo médico. La enfermera nomás tenía que tomar nota: presión alta, temperatura elevada y ritmo cardíaco alterado. Diagnóstico: lujuria no resuelta.

Oliver levantó la vista de su consola, con el ceño fruncido.

—¿Qué es lujuria?

Kate se congeló.

—¡Nada! ¡Nada, mi amor! No escuches a la tía Aisling, ya sabes cómo está... medio... —hizo un gesto con la mano al costado de la cabeza, dando vueltas en círculo— ...ya sabes.

Oliver soltó una carcajada sin dejar el control.

—Sí, sí... ya sé. Tía loca.

—¡Ey! Llámame loca, pero sé lo que vi... y también lo que tú sentiste, Kate.

Kate la miró de reojo, sabiendo que se avecinaba el sermón.

—Ahora hablando en serio —continuó Aisling, con tono más suave—, ¿por qué no te das la oportunidad? Así dejas de esconderte en los baños. Te gusta. Es el padre de tu hijo, fue tu marido... solo tendrías que detener el proceso de divorcio. ¿Tan difícil es?

Kate bajó la mirada, removiéndose incómoda. Las palabras de su amiga resonaban como un eco en su interior y aunque no quería admitirlo, le habían calado hondo.

Sin embargo, negó suavemente con la cabeza.

—No. Deja de decir tonterías. Entre Grayson y yo...

—Hay pasión. Deseo —la interrumpió Aisling—. Y además, tienen un hijo.

Se inclinó hacia ella y le tomó las manos.

—No digo que me caiga bien. Pero... se nota que quiere estar con ustedes. Y tú me juraste que no tiene nada con esa modelo espagueti. Entonces, ¿qué los separa?

Kate abrió la boca para responder, pero su amiga no le dio espacio.

—Porque de te gusta, te gusta. De lo contrario, no hubieras dejado que...

Kate le tapó la boca de inmediato, con los ojos como platos.

—¡Shh! No lo digas... Oliver podría oírte.

Aisling asintió con los labios apretados, hasta que Kate bajó la mano y entonces la muy descarada sonrió con burla.

—¿Lo ves? Te brillan los ojitos. Y ¿sabes desde cuándo no veo eso? Desde que el profesor de Derecho Penal te aprobó la materia en tercer año. No lo niegues más, Kate, ese hombre te mueve hasta la última célula.

"Ese hombre te mueve hasta la última célula..."

Las palabras de Aisling seguían dando vueltas en la cabeza como una alarma maldita, ya hacia dos horas desde que se fue, pero allí estaban, repitiéndose una y otra vez.

El sonido de la puerta al abrirse interrumpió sus pensamientos.

Grayson entró con una de esas sonrisas que siempre llegaban antes que él. Vestía ropa informal: unos vaqueros oscuros, una camiseta negra ajustada y una chaqueta de algodón que le marcaba los hombros. El cabello revuelto y una sombra de barba, lo que lo hacía ver peligrosamente atractivo, y sostenía dos bolsas grandes con el logo de una cafetería.

—Comida para mamá… —anunció, alzando una de las bolsas— y comida "aprobada por el médico" para el pequeño jefe de la cama.

—¿Trajiste mac & cheese con extra de queso y papas como las del carrito del parque? —pregunto Oliver, incorporándose con los ojos bien abiertos.

Grayson frunció los labios con gesto culpable.

—Mmm… mala noticia, campeón. Traje lo que el doctor permitió. Pechuga al vapor y arroz blanco.

Oliver soltó un puchero.

—Estar enfermo es lo más aburrido del mundo. Siempre lo mismo. Esta habitación apesta y la comida también.

Kate lo miró con ternura, acercándose a la cama y acariciándole la frente.

—Mi amor… pronto vas a poder ir a casa, ¿sí? Solo ten un poco más de paciencia.

Grayson, en cambio, dejó las bolsas sobre la mesa, caminó hacia la ventana y abrió las cortinas, la noche estaba despejada y llena de estrellas.

—Hace buen clima… y hay muchas estrellas ahí fuera —dijo mirando a Oliver, luego sonrió—. ¿Qué dices, campeón? ¿Quieres cenar en el balcón?

Los ojos de Oliver brillaron.

Oliver se quedó en silencio. Luego giró un poco el cuerpo y, por primera vez, apoyó su cabeza en el hombro de su padre y le dio un abrazo breve pero sincero.

—Prueba tres: aprobada.

Grayson tragó saliva, no dijo nada, solo abrazó a su hijo contra él y cerró los ojos, como si ese abrazo pudiera salvarle el alma.

Mas tarde, Oliver dormía profundamente, arropado hasta la barbilla, con su consola a un lado y una sonrisa apenas visible en los labios. El cielo estrellado seguía brillando sobre el balcón, y el hospital, por unos minutos, parecía suspendido en el tiempo.

Kate estaba allí, apoyada contra la barandilla, los brazos cruzados y el cabello suelto moviéndose con la brisa, Grayson salió en silencio, con una manta doblada en los brazos.

—No deberías estar sola aquí. Hace frío.

—Necesito aire —respondió sin mirarlo—. Hoy firmamos los papeles para el trasplante. Dentro de cinco días…

Él dio un paso más cerca y su voz fue firme, aunque apenas un susurro.

—Va a estar bien. Nuestro hijo es fuerte, Kate.

Kate lo miró. Había dolor en sus ojos, sí. Pero también algo que no había tenido en semanas: esperanza.

—¿Por qué no viniste antes? —preguntó, sin suavidad, ni rodeos.

Grayson tragó saliva.

—Porque era un cobarde —dijo, acercándose aún más hasta que ella pudo sentir su calor—. Porque tenía miedo de enfrentar esto que siento por ti, Kate.

Ella cerró los ojos y sintió la voz de él vibrar en su pecho. Cuando los volvió a abrir, Grayson ya le acariciaba la mejilla, con dedos tibios y firmes.

—Pero ya no —agregó él—. Ahora no pienso irme. Y no importa cuán jodido esté todo, estoy aquí. Y si me dejas, voy a luchar por ti hasta el final.

Kate respiró hondo, creyendo en sus palabras. Él la abrazó, y ella no se apartó, y las ilusiones, esas que tanto se había esforzado por enterrar, empezaron a asomar. Como brotes tercos en medio de una tormenta y cuando él bajó la cabeza, ella, levantó la suya.

Sus labios se rozaron primero con duda.

El corazón de ambos latía rápido y cuando finalmente se besaron, lo hicieron, fue lento, profundo, una sacudida brutal de emociones que los arrastró sin remedio.

Un beso que quemaba.

Un beso que prometía.

Un beso que dolía.

Hasta que…

—¡Mamá! —gritó Oliver desde dentro—. ¡Tengo miedo!

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