C9-¿QUIÉN SOY?
EN LA HABITACIÓN DEL HOSPITAL...
—¿A salvo? —repitió Katerina mirando las máquinas a su alrededor—. ¿Dónde... dónde estoy? ¿Cuánto tiempo dormí?
—En un hospital de Londres, cariño. Has estado inconsciente varios meses... pero sobreviviste.
Katerina se quedó muda. Las palabras flotaron en el aire como una sentencia y la enfermera le apretó la mano con cuidado.
—Todo te resultará extraño al principio, pero es normal.
Sin poder contenerse, Katerina rompió a llorar. No sabía si todo lo que había vivido era real, si las imágenes que la atormentaban eran recuerdos o delirios. Pero el miedo seguía allí, clavado bajo su piel. Entonces, un nombre apareció en su mente como un eco que no podía borrar.
Santiago Carrera.
Y eso la puso más nerviosa.
—Yo... yo tengo que irme... —susurró, mirando alrededor—. Tengo que irme.
La enfermera le acarició el cabello con delicadeza.
—Tranquila, cielo. El doctor está por llegar y además podrás ver a tu bebé, ¿no quieres verlo?
Katerina se quedó inmóvil y la palabra "bebé" le rebotó en la cabeza con un eco que le oprimió el pecho.
—¿Dijo... bebé?
La enfermera asintió, acomodándole las sábanas.
—Sí, fue un embarazo complicado, pero salieron adelante.
Pero antes de que Katerina pudiera hacer otra pregunta, la puerta se abrió y un hombre entró al cuarto. Llevaba traje oscuro, camisa perfectamente abotonada, corbata gris, gafas de montura delgada y su sola presencia llenaba la habitación, especialmente por esos ojos azules que parecían atravesar todo a su paso y que Katerina reconoció en el acto.
Era él.
El hombre del hotel.
Todo volvió en segundos, mezclado con la voz de Santiago y el miedo de aquella noche. Su respiración se descontroló.
James, en cambio, no sonrió. No saludó. Solo se detuvo frente a la cama, observándola con una expresión impenetrable. La enfermera notó la tensión y soltó una risa nerviosa.
—Doctor, está un poco alterada y confundida... apenas acaba de despertar.
Pero él no respondió.
Solo dio un paso más y se acercó tanto que Katerina pudo oler su perfume y eso hizo que su corazón empezara a latir con fuerza, porque James la miraba con una intensidad que no necesitaba palabras. En su mirada había algo más que enojo, algo que ni él parecía entender: una mezcla de furia contenida, atracción y una curiosa fascinación.
La enfermera sonrió, intentando romper la tensión.
—No te preocupes, querida. Él es tu médico, no va a hacerte daño.
Entonces James ordenó sin apartar la vista de ella:
—Déjanos solos.
La enfermera dudó, mirando a ambos, sobre todo viendo la súplica en los ojos de Katerina, pero la mujer asintió y salió, cerrando la puerta detrás de ella.
El silencio se hizo insoportable.
James tomó una silla y la giró para sentarse frente a ella. Se recostó hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas y cuando habló, su voz fue baja, firme y cortante.
—¿Dónde está lo que me robaste?

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA
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