C10- PROMESAS ROTAS.
La puerta se cerró y el perfume de Grayson siguió flotando en el aire.
Y dolía.
Dolía porque, aunque al casarse no había estado enamorada, pero si había tenido esperanza. Esperanza de que con el tiempo todo cambiara. De que él la mirara, que la tocara con ternura, que se enamoraran. Pensó que compartirían una vida, un hogar, una familia. Que Oliver llegaría en medio de un matrimonio, no en el abandono.
Pero esa noche, después de hacerle el amor como si ella le importara, la había dejado sola, con las promesas rotas que ella sola se había inventado.
Y ahora, después de siete años, aparecía con otra. Con una mujer despampanante colgada de su brazo, como si ella —su esposa— no existiera.
Kate cerró los ojos y respiró hondo, no tenía tiempo para llorar. Encendió la computadora y tecleó el nombre con rapidez: Sienna Rowe.
La pantalla se llenó de resultados.
Modelo internacional. Alta costura. Pasarelas en Milán, París, Nueva York. Rostro de una marca de perfumes. Más de dos millones de seguidores en redes sociales.
Kate abrió su perfil y bastaron segundos para que el estómago se le encogiera.
Fotos de Sienna en eventos de lujo, entrevistas, viajes… y Grayson. Siempre Grayson… a su lado.
Él sonreía y ella también. Parecían felices, cómplices y íntimos
Y entonces todo encajó.
No solo la había abandonado. Había construido una vida con otra mientras ella criaba sola a su hijo, mientras fingía que estaba bien, mientras cargaba con un apellido que nunca le dio nada más que soledad.
No supo cuánto tiempo se quedó ahí, mirando la pantalla, sintiendo cómo la rabia se mezclaba con una tristeza vieja que aún no sanaba. Pero algo dentro de ella se quebró. O quizás… se endureció del todo.
Grayson podía quedarse con su amante, con su mundo perfecto, con sus mentiras.
Ella no iba a seguir siendo la mujer invisible.
Iba a ganar ese caso. Y en cuanto lo hiciera, firmaría su divorcio. No por él. Por ella y Oliver.
Se irían lejos. Empezarían de nuevo. Sin el peso de un nombre que solo le recordaba lo que nunca tuvo.
Y esta vez… nadie la detendría.
[***]
El auto avanzaba en silencio, deslizándose entre las luces grises de Londres. Afuera, el cielo estaba nublado, como si se negara a despejarse, igual que él.
Grayson no había dicho una sola palabra desde que subieron.
—Pronto podremos estar juntos…
Ella sonrió, pero él no.
Grayson seguía mirando por la ventana. El cristal reflejaba las luces distorsionadas del exterior, pero él no veía nada. Su mente ya no estaba en ese auto.
Estaba con Kate, en aquella oficina, en su mirada rota, en su voz cuando le exigió el divorcio.
Y luego… en su cuerpo bajo el suyo. La noche en que se convirtió en su esposa. La única vez que se permitió sentirla de verdad.
El calor de su piel, su respiración agitada, los dedos de ella aferrándose a su espalda como si él fuera lo único que tenía.
Tragó saliva, la garganta le ardía y sus ojos, normalmente tan fríos, se oscurecieron.
Tal vez si Kate no hubiera sido una Langley… Tal vez si su apellido no hubiera venido cargado de traición, de ruina, de cicatrices…
Entonces tal vez…habrían tenido una oportunidad.
Sienna no notó su gesto, mientras seguía aferrada a él, con una sonrisa en los labios, mientras él solo pensaba en la mujer que no debía dolerle… pero dolía.
Y mucho.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA
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