Entrar Via

Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 528

Ben salía de la villa cuando su celular sonó. Era el hospital.

—¿Es usted familiar de la señorita Celia Sánchez?

Ben se tensó y arrugó el entrecejo, preocupado.

—Sí, lo soy. ¿Qué le pasa?

Después de escuchar lo que decía la persona al otro lado de la línea, su expresión se ensombreció y se dirigió rápidamente al garaje.

—Entendido. Voy de inmediato.

***

En el hospital, en la sala de urgencias, una enfermera terminó de vendar la mano de Celia y le dio algunas instrucciones. Ella salió, sosteniendo su brazo. Al levantar la mitrada, vio a Ben acercándose rápidamente hacia ella.

—¡Celi!

—¿Ben?

—¿Estás bien?

La expresión de Ben era tensa y seria, llena de preocupaciones.

—¿Qué pasó exactamente? ¿Cómo ocurrió el accidente?

Celia bajó la mirada y estaba a punto de decir algo cuando dos agentes de tránsito se acercaron.

—Disculpen, ¿cuál de ustedes es la señorita Celia Sánchez?

—Soy yo —respondió Celia.

—Señorita Sánchez, somos los investigadores del accidente. Necesitamos tomar su declaración. ¿Le es conveniente?

Celia miró a Ben y asintió.

—Sí.

Dicho esto, siguió a los agentes a un lado. Ben, con la expresión seria, tomó su celular y llamó a Jacob, pidiéndole que investigara el accidente de Celia.

Los agentes se fueron después de tomar su declaración. Celia regresó distraída. Él guardó su celular y su mirada se posó en su mano lesionada. Al notar su preocupación, ella tocó el vendaje.

—Es solo un rasguño. Lo malo es que estrellé el auto. —Lo consoló.

—Un auto no es nada. Lo importante es que estés a salvo.

"En unos días esto se olvidará. ¡Amigos, mantengan el tema en tendencia!"

***

En la casona familiar, Enzo observaba con gravedad los comentarios en línea, llenos de afirmaciones falsas. Las acusaciones infundadas y los rumores lo enfurecían mucho. ¡Eran puras tonterías!

—Enzo, sin importar si estos comentarios son ciertos o no, la opinión pública ya ha causado un gran daño a los Rojas —dijo Mirasol, sentada en el sofá con tono sereno—. Si no se da una explicación razonable a los medios y a la familia del fallecido, será difícil calmar la ira del público.

A su lado, Águila intercambió una mirada fugaz con Mirasol, en la que brilló un destello de satisfacción apenas disimulado. ¡Este escándalo mediático era su oportunidad para desquitarse por su hija! Quería que Ferlín supiera quién era la desgracia de los Rojas.

Enzo se volvió y sonrió con desdén, con su voz cargada de desprecio e ira.

—Qué absurdo. Mi hija no atropelló a nadie. ¿Por qué debería dar explicaciones? Sí, debemos mostrar respeto al muerto, pero no se puede acusar a una persona inocente sin motivo solo porque alguien falleció.

No le importaba qué intenciones tenían esas personas. Pero cuando se trataba de la inocencia de su hija, no podía quedarse de brazos cruzados.

Mirasol miró a Ferlín. Al ver que no daba su opinión, dijo con un tono de pesar:

—Enzo, me malinterpretas. Por supuesto que no estoy culpando a Celia. Solo digo que, como el accidente ya sucedió, ahora debemos encontrar una solución, ¿no es así?

Enzo guardó silencio con una expresión sombría. Los demás esperaban la postura de Ferlín. Pero en ese momento, Miguel entró al salón.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró