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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 680

César se acomodó en el sofá. Justo cuando iba a fijar la mirada en la mesa, Celia se sentó sobre sus piernas con total naturalidad. Fue un movimiento completamente imprevisto para él. Se sintió desconcertado por un instante y la contempló con una mirada profunda, cargada de interrogantes.

Celia forzó una sonrisa algo incómoda.

—Si te dijera que me tropecé… ¿me creerías?

Él entrecerró los ojos y, tras una breve pausa, contestó:

—Claro.

Ella se sorprendió.

—Me daría igual que te hubieras tropezado o que hubieras caído del cielo directo a mis brazos. De todos modos, te creería.

Al ver la seriedad con la que él bromeaba sobre el asunto, Celia fingió enojarse e intentó ponerse en pie para recoger la mesa, pero él la sujetó por la cintura, impidiéndole moverse. Al rodearla con sus brazos, las manos de César rozaron su vientre. Ella contuvo el aliento, hasta que lo escuchó preguntar con evidente curiosidad:

—Parece que has engordado un poco más.

Al escucharlo, cada fibra del cuerpo de Celia se puso rígida. Tomó aire profundamente y contrajo con fuerza el abdomen, luego, se volvió a mirarlo con una expresión molesta.

—¿Quieres decir que estoy gorda?

Una chispa de diversión iluminó la mirada de César.

—Solo fue un comentario. ¿Por qué te enojas tanto?

—Estimado señor Herrera, ¿acaso no sabe que a nosotras, las mujeres, no nos gustan esas palabras?

Dicho esto, se zafó de su agarre. Al distraer su atención, comenzó a limpiar la mesa con naturalidad. Aprovechando el descuido, ocultó el informe de embarazo en el basurero. Cuando terminó, echó un vistazo secreto a César y comprobó que, en efecto, no se había dado cuenta de nada. Entonces, se levantó y empujó el bote con el pie para esconderlo debajo de la mesa.

—Gracias por lo de ayer —añadió, refiriéndose al altercado con los reporteros.

—Si quieres agradecerme, acompáñame mañana a una gala benéfica —propuso él mientras se ponía de pie con calma—. Macarena también va a asistir.

***

Tomás trasladó a Julián a la delegación. Como ya se imaginaba que este último intentaría retractarse de su palabra, entregó la grabación a los oficiales. Julián estaba estupefacto.

—¿Me… me estuvieron grabando?

—Sabíamos perfectamente que no ibas a jugar limpio —respondió Tomás, encogiéndose de hombros con desdén.

—¡Oficial, quiero levantar una denuncia! —gritó Julián, señalando a Tomás—. Él y sus cómplices me amenazaron para que dijera eso, ¡incluso intentaron matarme!

Capítulo 680 1

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