—Yo...
Andrés dudó, sin saber cómo explicarle a Fabián.
No podía decirle que había estado demasiado paranoico, observando cada movimiento de Josefina.
Si lo decía, no tendría ninguna prueba y, además, dañaría su imagen ante Fabián.
Al ver que no decía nada, Fabián resopló.
—Entonces, ¿todo esto es solo una suposición tuya, Andrés?
Con una sola frase, desbarató las conjeturas de Andrés.
—No, no lo es.
Andrés, por instinto, quiso rebatirlo, con una expresión de ansiedad en el semblante.
Pero en ese momento, solo estaba empeorando las cosas.
—No sé cómo decirlo, pero he sentido que últimamente, señor Fabián, ya no me valora tanto.
Después de decir eso, Andrés sintió como si se hubiera quitado un peso de encima.
Resultaba que decirlo no era tan difícil.
Parecía que antes se había complicado demasiado las cosas.
—Y según tú, ¿qué significa valorar a alguien?
Mientras decía esto, el semblante de Fabián mostraba una sonrisa.
Pero si uno miraba con atención, se daría cuenta de que esa sonrisa no llegaba a sus ojos.
En lo profundo de su mirada, lo que predominaba era una frialdad absoluta.
Sin duda, la paciencia daba sus frutos.
Ahora, ¿no era Andrés quien había venido a buscarlo para hablar de esto?
Antes de que Andrés pudiera responder, Fabián continuó presionándolo:
—Entonces, te doy la tarea de vigilar los movimientos del joven señor y la señorita, y tú crees que es una tarea demasiado simple, ¿verdad? Que es una falta de valoración...
—De verdad no tengo otras intenciones, señor Fabián, ¡por favor, créame! Solo quería ayudarlo más, aliviar un poco su carga.
—¿Ah, sí?
El tono de Fabián se suavizó un poco, como si de verdad hubiera creído las palabras de Andrés.
Andrés, al ver una oportunidad, se apresuró a explicar:
—Es verdad. Sé que el señor Fabián está muy ocupado, así que las tareas pequeñas puede dejarlas en nuestras manos. Me gustaría poder compartir más de su carga.
Al oír esto, Fabián pareció estar de buen humor y dijo:
—Bueno, con esas palabras me quedo más tranquilo.
Andrés se alegró, pensando que Fabián planeaba darle más responsabilidades.
Pero al segundo siguiente, las palabras de Fabián fueron como un balde de agua fría.
—Entonces, dejémoslo así. Descansa un poco más.

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