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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 1066

—Señor Fabián, yo...

Andrés intentó decir algo más, pero Fabián lo interrumpió.

—No digas nada más. Te doy la oportunidad de descansar, ¿y no la quieres?

—Pero yo quiero seguir sirviéndole, señor Fabián.

Andrés se golpeó el pecho, esforzándose por demostrar su lealtad.

Sus ojos estaban llenos de sinceridad, como si de verdad quisiera servir a Fabián.

Pero a los ojos de Fabián, todo eso no era más que una farsa.

Después de todo, Josefina ya había investigado a Andrés a fondo.

Ahora que Andrés ya no le era leal, ¿cómo podría atreverse a seguir empleándolo?

Quién sabe cuándo lo traicionaría.

"Si confías en alguien, no dudes. Si dudas de alguien, no lo uses".

El corazón de Fabián se hundió. Andrés era una persona de pensamientos profundos.

No se había dado cuenta antes.

La mirada de Fabián se oscureció.

—Ya te dije, ahora no necesito que hagas eso. Descansa un poco, ya te llamaré cuando te necesite.

—Además, tu trabajo es vigilar a Joana y a los dos niños.

Por más que Andrés se sintiera frustrado, no se atrevió a decir nada más.

Solo pudo suspirar y responder:

—Entendido, señor Fabián. Cumpliré con la tarea que me ha asignado.

Al oír esto, Fabián no reaccionó.

Solo emitió un "mm", indicándole a Andrés que podía retirarse.

Ya no tenía sentido que se quedara allí.

Andrés mantuvo una sonrisa en el semblante, pero por dentro estaba a punto de explotar de ira.

Parecía que Fabián le estaba aplicando la ley del hielo.

De esa manera, la confianza que Fabián tenía en él se vería muy afectada.

Josefina no le tenía miedo a Andrés. Después de todo, estaban en la empresa, y él no le haría nada.

—¿Y qué si tomaste nota? ¿Crees que no sé de las porquerías que has hecho?

Andrés intentó sacarle información, para ver si Josefina perdía la compostura.

Pero sus palabras no la afectaron en lo más mínimo.

Sabía muy bien que Andrés solo estaba tratando de sonsacarla.

Ella era la verdadera cazadora, la que lo vigilaba desde las sombras.

Quién reiría al último, eso aún estaba por verse.

Josefina soltó una risa ligera.

—Andrés, si no puedes probar lo que dices, puedo demandarte por difamación.

Se levantó y se acercó a Andrés paso a paso. Aunque sonreía, la sonrisa no llegaba a sus ojos.

—A ver, cuéntame, ¿qué sabes de mí? ¿Eh?

La mirada de Josefina se volvió de repente penetrante.

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