Ahora, lo único que podía hacer era rezar para que no perdieran de manera tan humillante.
Mientras tanto, Fabián, al quedarse solo en su cuarto, también tomó su celular para buscar la transmisión en vivo del juicio.
Aunque Joana lo trataba con frialdad, él seguía convencido de que antes se habían amado profundamente.
Estaba seguro de que Joana estaba bajo el hechizo de Arturo Zambrano, y por eso se comportaba de esa manera con él.
Fabián apretó su mano derecha con lentitud:
—Arturo Zambrano, te juro que voy a recuperar a Joana, te la voy a arrancar de las manos.
Un brillo indescifrable y oscuro apareció en los ojos de Fabián.
...
Lejos de allí, en el tribunal, Joana estornudó y se frotó la nariz.
Arturo, de pie a su lado, notó de inmediato su reacción y se acercó preocupado:
—¿Qué te pasa, te vas a resfriar?
—No estoy segura —murmuró Joana, apretando los labios rojos—. Solo siento una inquietud extraña en el pecho.
Se sentía como si una serpiente venenosa la estuviera observando fijamente, pero Joana prefirió guardarse esa última parte.
Arturo intentó calmarla:
—No te preocupes. Estando el abogado Herrera aquí, el juicio no será ningún problema.
Joana sonrió con dulzura:
—Lo sé, tenerlo de nuestro lado me da mucha tranquilidad. Además, como es alguien de tu confianza, tengo una doble garantía.
Al notar que Joana seguía con cierta inquietud, Arturo decidió cambiar de tema:
—¿Sabes por qué el abogado Herrera es tan bueno en lo que hace? ¿O siquiera por qué eligió esta profesión?
—¿No será porque es un experto en su campo? Me imagino que le apasiona, y por eso decidió dedicarse a esto.
Joana inclinó la cabeza hacia Arturo, sin captar bien a dónde quería llegar.
Arturo soltó una carcajada suave:

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