Joana hizo una profunda y respetuosa reverencia.
—Su Señoría, público presente, muy buenos días. Mi nombre es Joana Osorio y soy la fundadora del Estudio Renacer.
Su voz resonó firme y clara; cada sílaba se abrió paso con nitidez, captando la atención de cada persona en la sala.
—El motivo por el cual decidí emprender esta demanda creo que ya es evidente para todos nosotros —Joana esbozó una leve sonrisa—. Ya era hora de ponerle punto final a todo el revuelo que se armó en las redes sociales.
Giró la cabeza y clavó su mirada en Violeta.
—Por lo tanto, considero que el Estudio Aurora Creativa debe ofrecer una disculpa formal a nuestro estudio por sus acciones.
El ceño de Joana se frunció ligeramente.
—Sinceramente, no me importa que hayan intentado robarme a una empleada.
Al escuchar esto, el rostro de Cristina se descompuso.
Tenía el maquillaje completamente arruinado por las lágrimas y la vista nublada, pero sus ojos seguían fijos en Joana.
Cada palabra que salía de la boca de su antigua jefa era como una daga clavándose en su pecho.
Joana continuó su discurso.
—Sin embargo, cada boceto que sale de nuestro estudio lleva impregnado el esfuerzo, la pasión y el alma de nuestros diseñadores. Para ellos, no son simples trazos en un papel; son como hijos a los que ven nacer y crecer con dedicación.
—Es por eso que jamás toleraremos ni nos quedaremos de brazos cruzados ante el plagio. Exijo que el Estudio Aurora Creativa retire de inmediato todas las prendas copiadas del mercado. Además, deben comprometerse a que esto no volverá a suceder, emitir una disculpa pública dirigida a nuestro estudio y promover el consumo de diseños originales, rechazando categóricamente el plagio.
Aunque su tono era sereno, sus palabras resonaron con la fuerza de un trueno, sacudiendo las conciencias de los presentes.
Tocó las fibras más sensibles de todos los que la escuchaban.
Lo que Joana decía era tan lógico y contundente que no dejaba el más mínimo margen para la réplica.

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