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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 365

Las palabras de Esther dejaron la sala de juntas en silencio absoluto.

La sonrisa de Lorena se congeló en su cara.

Para este proyecto, había contratado a un diseñador de renombre.

Y ahora, esa mujer se atrevía a dar semejante veredicto.

Si no fuera porque era la primera vez que la veía, hasta habría sospechado que tenía algo personal contra ella.

Esther empezó a recoger sus cosas, decidida a irse de inmediato.

Este tipo de diseños los había visto miles de veces en el círculo de diseñadores de Estados Unidos.

Ninguno le gustaba.

Cuando pensó en regresar a su país, creyó que por fin encontraría el vestido de novia de sus sueños.

Jamás imaginó que los materiales y cortes que le mostraron en esta empresa serían inferiores incluso a los bocetos que le mandaban desde Estados Unidos.

—Señorita Esther, de verdad lamentamos no haber estado a la altura de sus expectativas. Nuestra empresa también cuenta con otros diseñadores experimentados, ¿le gustaría considerar más opciones? —insistió Ramiro.

Lorena llevaba desde ayer dándole vueltas al fracaso de una colaboración importante, sintiéndose culpable.

Hoy había venido a verlo, rogándole que la dejara ir en lugar de Joana a la reunión con la cliente. Al principio, Ramiro no quería.

Pero Lorena, con cara lastimera, le repetía que después de echar a perder un trato de cinco millones, no podía dormir tranquila.

Además, llegó bien preparada, hasta con bocetos del vestido de novia.

Para su alivio, el trabajo que presentó tenía cierto nivel.

Parecía que de verdad se había esforzado en el diseño.

Por eso Ramiro aceptó que entrara a la reunión con la clienta.

Jamás imaginó que la rechazarían tan rápido, sin dejar margen de negociación.

Las palabras de Esther, aunque indirectas, dejaron a Lorena por los suelos.

—No, gracias.

Esther ya había tomado su decisión.

En ese momento, sonaron unos golpecitos en la puerta.

—Disculpen, llegué un poco tarde.

—¿Me puedes explicar qué está pasando?

Lorena intentó hacerse la desentendida.

—Señorita Esther, es que mi nombre en inglés es Smile...

—Pff. —La mujer soltó una risa cargada de desprecio—. No tengo tiempo para jueguitos. Pensé que Estudio Bravura sería capaz de sorprenderme, pero resulta que solo hay un grupo de farsantes creyéndose genios.

Esther no tuvo piedad; sus palabras golpearon con fuerza.

Lorena rompió en llanto, sin poder aguantar más.

Ramiro se maldijo por dentro mientras se disculpaba en voz alta.

Y no dejaba de pensar: ¿por qué tuvo que aparecer Joana justo ahora?

Si no hubiera llegado, al menos Esther no habría notado el truco barato que intentaron.

—¿Alguien me explica qué sucede aquí? —Joana fingió confusión—. Me sentía mal y fui al baño; por eso tardé un poco en llegar. Disculpe, señorita Esther, creo que mis compañeros malinterpretaron lo que pasó.

Joana habló con voz tranquila, pero en su tono había una autoridad firme, imposible de ignorar.

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