Esta vez, Tatiana sí que estaba asustada de verdad. Al ver el semblante sombrío de Fabián, se le heló la sangre y gritó desesperada:
—¡Ese video es un montaje! ¡Es falso! ¡Ella lo hizo para sacarme dinero, me está tendiendo una trampa! ¡Fabián, no le creas! ¡Por favor, sálvame, no puedo ir a la comisaría!
—Nuestro departamento de tecnología en la policía ya analizó el video. No está editado ni es falso —intervino uno de los agentes, harto de escuchar excusas.
Con eso, la última defensa de Tatiana se vino abajo.
—Entonces, ¿quién es el que está mintiendo aquí? —Fabián tenía la cara llena de decepción y por dentro hervía de rabia.
¿Cómo se atrevía a inventar semejante calumnia?
Recordó que, al inicio de su carrera, Tatiana también había sido víctima de rumores sucios inventados por periodistas sin escrúpulos, que la vinculaban con empresarios mayores. En aquel entonces, Tatiana lloró desconsolada, asegurando su inocencia hasta el punto de hacerse exámenes médicos para probarlo.
A Fabián le dolía verla así, por eso bloqueó todas las noticias y mandó cerrar la revista Chismes de Oro.
Tatiana siempre había dicho que odiaba a las personas que inventaban ese tipo de chismes.
Jamás imaginó que ella terminaría haciéndole algo así a Joana.
¿Cuántas cosas más habría hecho Tatiana a sus espaldas?
Fabián apretó los puños, la mirada oscurecida, y de pronto sujetó a Tatiana del cuello, apretando con fuerza:
—¿Cómo te atreviste? ¡¿Cómo pudiste hacerle eso?!
Tatiana sintió cómo el aire se le escapaba, mirando a Fabián con terror mientras intentaba zafarse de su agarre. Por un instante, creyó de verdad que Fabián la mataría ahí mismo.
Fue la policía quien, interviniendo, logró que Fabián soltara a Tatiana. Él se apartó, dándoles la espalda, y soltó con tono cortante:
—Llévensela. Que todo se haga conforme a la ley.
Tatiana, pálida como un fantasma, miró la espalda de Fabián y soltó una carcajada amarga:
—Fabián... ¿acaso recuperaste la memoria?
Pero la única respuesta fue el silencio indiferente de él, de espaldas.
Siendo así, ella tampoco iba a contenerse.
—¡No me voy a divorciar de Joana! —Fabián apretó los puños y golpeó la mesa con fuerza.
Lo que le debía a Joana, pensaba pagarlo toda la vida.
Los dos niños se asustaron tanto que casi se les cae la cuchara.
Dafne Rivas le guiñó el ojo a Lisandro Rivas.
Hermano, ¡qué bueno! ¡Mamá y papá no se van a divorciar!
Pero Lisandro no mostró emoción alguna, solo parecía muy pensativo.
Sabía que, aunque sus papás no se divorciaran, su mamá no era feliz con Fabián. Tal vez para ella no era tan buena noticia.
Renata, frustrada, le reprochó:
—Fabián, ¿qué te hizo Joana para tenerte así hechizado? ¡Ella ya anda diciendo por todos lados que está con el presidente de Grupo Zambrano! ¡Ya supérala!
—Ella tiene sus razones, con Arturo no es nada real —Fabián soltó una risa seca, seguro de sus palabras.

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