Renata estaba tan molesta que apenas pudo contenerse.
—¿Qué clase de excusa puede tener esa mujer? ¡Se la pasa coqueteando y metida con cualquier tipo! Yo estoy segura de que Tatiana fue tras Joana por tu culpa, Fabián. ¡Deja de engañarte!
—Mamá, ya no hables así de Joana —replicó Fabián, dejando el tenedor a un lado y mirándola con una expresión tan distante que parecía estar viendo a una desconocida.
Renata se quedó sin palabras. Por más que quisiera, no pudo hacer nada contra la determinación de su hijo. Además, él apenas había salido de una enfermedad, no podía seguir alterándolo.
Tenía que avisarle cuanto antes a Simón Rivas lo que estaba pasando.
Justo cuando Fabián se levantó para marcharse, su teléfono sonó. Contestó en cuanto vio que era del hospital.
—¿Familiares de Tatiana? Ella está aquí en el hospital, su estado emocional es muy inestable y eso podría afectar al bebé… Les pedimos que vengan lo antes posible.
Fabián frunció el ceño.
—¿Dijo que Tatiana está embarazada?
Renata, al escuchar eso, lo miró totalmente sorprendida.
—Sí, así es. Tiene un mes de embarazo. Por favor, vengan rápido —la enfermera colgó después de eso.
Renata se giró enseguida.
—¿Tatiana está embarazada? ¿Es tuyo ese bebé?
El semblante de Fabián se volvió aún más sombrío.
—Ese bebé no puede nacer.
No podía permitir que Joana se enterara de esto, no importaba qué pasara.
Alzó la vista y miró a los dos niños que estaban sentados frente a él.
—No pueden contarle esto a mamá. Si ella se entera, jamás los querrá de nuevo.
Dafne, temblando, se escondió detrás de Lisandro.
Sus ojos, llenos de desesperación, le recordaron a Fabián el día en que Tatiana fue víctima de chismes y calumnias. Por un instante, se sintió transportado a ese otro tiempo, pero, lamentablemente, ya nada era igual.
—Ese bebé no puede nacer —dijo, conteniendo a duras penas la tormenta de emociones que lo sacudía—. Cuando te recuperes, termina con esto.
—¡No…! ¿Por qué me haces esto, Fabián? ¡Aunque ya no me quieras, ese bebé es tuyo! ¿Por qué también eres tan cruel con él? —Tatiana se arrancó la aguja del suero, dejando que la sangre brotara de su mano.
Se tambaleó, cayó de la cama y corrió hacia Fabián, aferrándose a su mano helada.
—Fabián, tú no eres así, ¿verdad? Este es nuestro primer hijo… Yo te amo, y cuando nazca, él también te va a amar.
Pero la indiferencia de Fabián se fue colando en sus palabras y en su mirada, tan cortante que Tatiana sintió cómo se le congelaba el corazón.
Tal vez, presintiendo lo que él estaba a punto de decir, Tatiana se tapó los oídos, desesperada.
—¡Lárgate! ¡No quiero verte más! ¡Vete, no quiero seguir escuchándote!
A pesar de que Tatiana trató de tapar sus oídos, la voz seca y tajante de Fabián seguía colándose en su mente, hiriéndola más y más, como si cada palabra fuera una herida nueva.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando el Anillo Cayó al Polvo