Al escuchar esas palabras, Irene se quedó pálida, como si todo el color se hubiera drenado de su cara.
Había ocultado tan bien todos esos secretos, ¿cómo era posible que aun así terminaran saliendo a la luz?
Los labios de Irene temblaron; quiso defenderse, decir algo, pero en ese punto ya no valía la pena. Cualquier cosa que dijera sería inútil.
Ella conocía bien a la policía del Estado Magnolio. Si no tuvieran pruebas sólidas, jamás se habrían atrevido a arrestarla así, de la nada.
Esta vez, ya no tenía escapatoria. El destino la había alcanzado.
La imagen de Irene subiendo a la patrulla se volvió viral de inmediato. Circuló por todos lados en internet, y la cantidad de clics superaba cualquier récord anterior.
Quienes navegaban en las redes no pudieron evitar sentir una satisfacción tremenda al ver la foto. Al sumar todas las evidencias que iban saliendo, los comentarios se multiplicaron, y la gente aplaudía el desenlace.
[Yo ya lo había notado antes, esa Irene nunca fue buena persona.]
[¡Sí, caray! Una británica que viene aquí a hacerse pasar por la madre de la moda tradicional, ¿quién le cree?]
[Siempre lo he dicho: los fans se parecen a su ídola. Los seguidores de Irene parecían una jauría, atacando a cualquiera en las redes. Hasta los que solo pasaban por ahí recibían los ataques.]
[Desde el concurso de estilos tradicionales, se notaba que traía algo personal contra Joana.]
[Al final resultó que la gran “fundadora del estilo tradicional” era pura mentira. Solo se dedicaba a robar los diseños de otros. Lo único que tenía era dinero.]
[Ahora sí que le tocó. El karma existe, y esta Irene ya no tiene cómo limpiar su imagen.]
...
Hospital Central de Mar Azul Urbano.
Joana estaba parada frente a la puerta del cuarto donde se recuperaba Rosalía, cuando escuchó la inconfundible carcajada de Isidora dentro.
Negó con la cabeza, sonrió y empujó la puerta.
—¿Y ahora? ¿Qué tanto las hace reír? —soltó con picardía.
Apenas la escuchó, Isidora salió volando hacia ella, la abrazó y hasta la levantó un par de vueltas.
—¡Ahhh, Joana, eres increíble! No sabes, vi la final completita, no me perdí ni un segundo.
Se le notaba la alegría en la cara.
—Joana, tienes que ver lo que está circulando en internet. Irene ya fue vetada y hasta la policía se la llevó para investigarla.
—¿De veras? —preguntó Joana, alzando la voz.
—¡Claro! —afirmó Isidora, sacando el celular y mostrándole las noticias digitales—. Mira, si alguien merecía ese destino, era ella. Como dicen, “el que la hace, la paga”. Le queda perfecto.
Joana reparó en la palabra “plagio” que se repetía por todos lados y, aunque sentía cierto asombro, también le daba un poco de pena ajena.
—Jamás habría imaginado que la gran ídola del estilo tradicional terminaría haciendo esas cosas —susurró, pensativa.
Isidora chasqueó la lengua, sorprendida.
—De todo se ve en este mundo.
Ezequiel, por su parte, también se había enterado de las noticias en internet, pero prefirió quedarse callado, manteniéndose al lado de Arturo, guardando para sí todo lo que había hecho tras bambalinas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando el Anillo Cayó al Polvo