¿Qué significa esa mujer, Tatiana? Joana lo tenía más que claro.
No era más que eso: Tatiana, aprovechando que Fabián había perdido la memoria, ahora se sentía la consentida y no perdía oportunidad de presumirle a Joana su nueva posición.
Estos jueguitos de mujeres, la verdad, no valían la pena.
Pero Joana no se preocupaba en absoluto.
—Tranquila, mi pequeña guardiana —le dijo, sonriendo con dulzura—. Sé que te preocupas por mí, pero para la boda, Arturo irá conmigo.
Paulina e Isidora se miraron entre sí, por fin tranquilas.
Paulina, siempre tan seria, le advirtió:
—Tú nada más cuídate mucho. Y sobre el estudio, ni te preocupes, yo e Isidora nos encargamos de todo.
...
La familia Rivas.
La noche antes de la boda, Tatiana daba vueltas en la cama, sin poder dormir, con el acta de matrimonio que había firmado ese mismo día junto a Fabián.
Pensar que ya era la Sra. Rivas, y que mañana celebraría la boda con Fabián, le parecía tan irreal que sentía que seguía soñando.
¡Cuántas veces había imaginado ese momento en sus sueños! Y ahora, de pronto, se hacía realidad.
Fabián salió del baño, ya listo para dormir, y la vio con los ojos bien abiertos, perdida mirando el techo.
—¿Por qué no te has dormido todavía?
Apenas Fabián se acostó, Tatiana se acomodó en su pecho, abrazándolo, con la mano sobre su corazón.
—Fabián, no puedo dormir —susurró con una voz suave y tranquila—. Siento que estoy soñando, no puedo creer que en verdad vaya a ser la Sra. Rivas.
Fabián le acarició la cara, y acomodó su cabello detrás de las orejas.
—No es un sueño, Tati. Todo esto es real —le aseguró con dulzura—. Ya verás, vamos a ser felices, te lo prometo, siempre voy a cuidar de ti.
Tatiana se acurrucó más, frotando su mejilla contra el pecho de Fabián.
—Fabián, me gustaría que Dafne y Lisandro también estuvieran en nuestra boda.
Fabián se quedó un momento en silencio, sin saber qué responder.
Pero al encontrarse con la mirada llena de cariño de Tatiana, terminó aceptando:
Tatiana eligió un vestido de novia lo suficientemente amplio para disimular su vientre, que ya empezaba a notarse.
Ya le habían avisado en la entrada: Joana había llegado.
Pero no venía sola, sino acompañada de Arturo.
Tatiana apretó los labios, preocupada.
Debía encontrar la manera de apartar a Arturo.
No podía permitir que arruinara sus planes.
Arriba, Dafne Rivas y Lisandro Rivas estaban sentados juntos.
Lisandro, con su pequeño traje, parecía un príncipe salido de algún cuento inglés.
Dafne, con su vestido rosa de mangas abombadas y una corona diminuta, lucía tan arreglada que parecía una muñeca de exhibición.
Sin embargo, en su cara no había ni rastro de alegría.
Con el ceño arrugado y la mirada perdida, Dafne sentía que había olvidado cómo sonreír.

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